martes, 28 de marzo de 2017

PENSAR


Hipatia, la gran filósofa griega, si bien natural de Egipto, brilló enormemente en las matemáticas y en la astronomía y  fue un hito para el pensamiento de los siglos posteriores. Pues bien,  he leído, que una de sus enseñanzas célebres y que debería tener gran trascendencia para el devenir actual, fue la reivindicación del derecho a pensar.
Sí, pensar como un derecho, pues incluso pensar erróneamente, es mucho mejor que no pensar. Digo esto, porque, inmersos en un mundo de lo esquemático, de la divulgación a través de decenas de caracteres, de la implosión de la imagen en detrimento de la reflexión, nos perdemos el silencio.  El espacio reposado. La razón frente a la imposición. La convicción sobre la victoria.
Ayer, sin ir más lejos, pude ver, una vez más, como un grupo de padres se enzarzaban en una pelea a patadas y puñetazos por una trifulca en un partido de fútbol de sus hijos pequeños. Educación en valores. No son, en la mayoría de los casos, los niños los necesitados de aprender, son sus progenitores. Aquellos que deberían ser su ejemplo y son, en momentos como estos, su vergüenza. Con el agravante que les muestran, en numerosas ocasiones, las líneas a seguir para resolver los conflictos en sus comportamientos futuros.
Prefiero la diferencia, no poseer la razón absoluta, como pretenden algunos, pero al menos expresarme a través de la palabra. Combinar retórica con acción y pausa para escuchar al otro. Mirarme en las terceras personas.
Ser capaz de rectificar, sin por eso tener que abandonar mis convicciones más profundas. Asimilar lo bueno de los demás que enriquece o modifica lo propio.
Caer para luego levantarme. Seguir con la vista puesta al frente pero con la mochila cargada de un pasado del que no puedo, ni quiero, prescindir.
En definitiva pensar como sinónimo de estar vivo, evitando adormecerme con lo que me digan, sin antes tener la posibilidad de cuestionarlo. Y a la vez, cuestionar lo que digo, cuando, con elementos suficientes de juicio me demuestran que otro mundo es posible.




martes, 21 de marzo de 2017

DEPORTE Y MEMORIA


Esta semana he tenido ocasión de acudir a dos acontecimientos, en principio muy diferentes, pero, como trataré de demostrar, con muchos nexos en común.
Por un lado, asistí a un partido de baloncesto, de la LEB, en la que jugaba el Cáceres, el equipo de mi ciudad. En el descanso tuvimos ocasión de presenciar la espectacular puesta en escena de la maravillosa cantera. Niñas y niños de muy corta edad, al lado de adolescentes que idolatraban a sus referentes del primer equipo.
Por otra parte, en menos de 24 horas, formaba parte de una marcha que trataba de reivindicar la figura de las víctimas del franquismo y que partió ( como muchos de los que fueron asesinados) desde la cárcel de Cáceres hasta el cementerio. Allí, varios cientos de personas nos congregamos para compartir momentos de intensa pulsión emocional.
Recuerdo como, hace unas semanas, un diputado del Partido Popular, es decir de la derecha extremeña, me espetaba en la Asamblea, que cómo era posible que en una de mis intervenciones en la tribuna mezclara el deporte con la memoria histórica. Ahora intentaré desvelar algunos motivos.
Ambos temas se buscan en torno a la pasión, se aglutinan o logran que mucha gente se junte en la persecución de un objetivo. En ambos casos, nos damos cuenta de que contamos con mucha gente que sigue los contenidos y que siente como suyos, como propios, las alegrías y las penas, el dolor y la esperanza. En definitiva, hacen posible algo tan complicado en nuestros días como la unidad.
El trabajo en equipo es otra de sus características. Tanto el deporte como los movimientos memorialistas tienen en común que, cuando funcionan bien, lo  hacen al margen de las individualidades. Es la unión de muchas voces, la suma de lo mejor de cada uno, lo que hace que los resultados sean satisfactorios.
Además, el valor de una trayectoria contribuye a que el resto les mire como en un espejo donde reflejarse. El trabajo del abuelo asesinado se une al del veterano jugador. En los dos casos se ha producido la siembra. En los dos casos las nuevas generaciones no parten del olvido ni de la nada. Tienen algo por lo que luchar. Tienen perspectivas de futuro que perseguir.
Por estas y por muchas razones cobran sentido las estrofas de los versos que cantaba Maná: “como me duele estar vivo, sin tenerte al lado amor”.



martes, 14 de marzo de 2017

ESCEPTICISMO


Vivimos unos momentos tan convulsos, fundamentalmente desde el punto de vista de la dialéctica, que se llega a la contradicción de no aplaudir, impulsar, aprobar…, ni siquiera las acciones de los que, se presume, son próximos a tu entorno. Nos domina el escepticismo, cuando no la maldad, salvo contadas excepciones. Queremos ver fantasmas por todas partes. Como diría un buen amigo mío, la política nos hace volvernos paranoicos.
Parece correcto que los que tienen responsabilidades se esfuercen para que todo marche lo mejor posible. Parece correcto que los que están en la oposición traten de demostrar lo contrario. Eso sí, en la medida de lo posible aportando pruebas, aunque sólo sean argumentales. Parecería habitual la norma por la que, seguidores de unos y de otros, difundan sus propias acciones. O que al menos no las boicoteen, solivianten al personal o enconen las situaciones. Y eso, lamentablemente pasa últimamente con cierta frecuencia.
Resulta curioso que surjan noticias en las que se produce un reconocimiento de la ciudadanía, insisto, de la ciudadanía, no de la militancia, hacia la acción del Gobierno. Por ejemplo, en el caso reciente de la excelente situación de la Sanidad pública en Extremadura, y este dato, tan espectacular, está resultando desapercibido. ¡Tendría que haber provocado una onda expansiva de satisfacción!
Sin embargo, uno llega a cuestionarse el por qué nos parece raro todo lo normal. Tenemos la obligación de mejorar. De corregir desequilibrios. De perseguir la igualdad. Y cuando lo logramos, parece que no nos lo creemos o, lo que es peor, que no nos lo queremos creer.
Menos mal que los beneficiarios finales sí que saben. Ellos, son conscientes de los cambios. De cómo estaban hace tan sólo dos años y de cuál es su situación actual. A veces, no es imperioso el marketing. La propaganda y la publicidad se sustituye por la acción.
Quisiera que ya que algunos no se congratulan por el éxito de la actuación en defensa de lo público de la Junta de Extremadura, en definitiva, del gobierno socialista, que al menos no lo obstaculicen. Todos se lo agradeceremos.



martes, 7 de marzo de 2017

DIGITALIZACIÓN DE ARCHIVOS


Recientemente la Junta de Extremadura ha firmado un Convenio con el Ministerio de Defensa para digitalizar los Archivos militares que contienen una rica documentación sobre Extremadura durante la Guerra Civil y la Dictadura.
Ha sido una reivindicación de las Asociaciones de Memoria Histórica, así como de historiadores e investigadores que, desde hace ya varios años, venían demandando esta medida. Y ha tenido que ser el PSOE el que, finalmente, sea sensible a esta cuestión. Responde, por un lado, a la necesidad de cubrir con eficacia una parte de nuestra Historia reciente, y, por otro,  a solucionar la problemática personal que  la consulta de esta documentación in situ conllevaba.
Podría hablar de casos personales, en los que, por propia experiencia te tocaba desplazarte cientos de kilómetros al Archivo, esperar un dilatado tiempo para recibir los legajos y emplear elevadas cantidades de dinero en realizar fotocopias para poder trabajar con ellas en tu domicilio ( teniendo en cuenta además que determinados documentos dado su estado de deterioro no era posible fotocopiar).
Ahora, los socialistas, van de la mano de la Junta, PREMHEX, investigadores e historiadores. Sentencias y juicios sumarísimos podrán ser conocidas, incluso, por los familiares de manera mucho más sencilla. De esta forma, y a diferencia del PP, el PSOE atiende con diligencia los puntos que se reflejan en el último Manifiesto de los historiadores.
Las normas de consulta y reproducción documental de un Archivo situado muy lejos de Extremadura, se podrán sustituir por la cercanía que da tenerlos en Extremadura y, sobre todo, por la posibilidad que da el acceso vía nuevas tecnologías.
Todavía recuerdo la alegría que me dio poder consultar de manera digital los discursos como diputado nacional de Espronceda ( cuando trabajaba en la redacción de un libro).  Lo comparaba con los viajes realizados al Congreso de los Diputados en Madrid para acceder al Diario de Sesiones y poder trabajar con los originales de los diputados cacereños durante la Segunda República. O las miles de fotocopias que tenía que encargar para continuar el trabajo en casa.
Pero como diría Loquillo, “ los tiempos están cambiando”.


martes, 28 de febrero de 2017

ANACRONISMO


La medición del tiempo a la hora de acompasar las realidades ha sufrido una auténtica transformación en la última década. Una revolución, sin duda. A veces, me gusta recordar a los más jóvenes, que buena parte de los avances de los que disfrutan, eran impensables, hace tan sólo 10 o 15 años. Autovías, internet,  los teléfonos móviles, la televisión vista en distintos soportes digitales y con una amplísima variedad de canales… incluso asuntos tan presentes en nuestra vida cotidiana que parecería surrealista carecer de ellos: un Instituto o Colegio, un Centro de Salud, una pista polideportiva, una Casa de la Cultura….
Por eso, insisto, en que no es que vaya todo muy deprisa solamente, sino que hasta en el lenguaje político, hay que adaptarse, manteniendo los principios, sin perder lo sustancial, para darte cuenta, por ejemplo, de lo que significan las ideologías.
Ser de izquierdas, en el siglo XXI no es únicamente una cuestión de talante. Una pose. Un síntoma de progresía. Estamos hablando de un estar en la vida. No un decir, sino un hacer.
Estos días en Cáceres, la ciudad donde vivo, se han producido dos  sucesos que corroboran lo que es un fracaso social de la Comunidad. Por un lado, un anciano con el llamado síndrome de Diógenes, llega a una situación, aparentemente sin salida, pero que, obviamente viene precedido de un largo prolegómeno, de cuya gravedad, nadie parecía haberse percatado.
Por otra parte,  y con el ánimo de singular el drama de la violencia de género, asistimos sorprendidos, una vez más, al asesinato de un hijo a un padre del que presuntamente se desprendían malos tratos hacia su mujer. Sea lo que sea, está claro que estamos ante un elemento más de desilusión de una empresa colectiva, la vida en sociedad, en común, cuyas normas quedan altamente transgredidas.

La izquierda, en el caso que me afecta, tiene que tener respuestas inmediatas a estas lamentables situaciones. No sirve la mera condena, ni las declaraciones de solidaridad. Ahora, que entramos en época de Congresos, se hace necesario que pongamos negro sobre blanco cuáles son nuestras iniciativas. Cuál es nuestro compromiso real donde tengamos cargos de responsabilidad. Y pasar, de manera efectiva al campo de lo ejecutivo, bajando del cielo de la filosofía.