miércoles, 19 de junio de 2019

AUDIENCIAS


En un contexto social en el que, como hemos reiterado en multitud de ocasiones, es menos interesante la profundización en los mensajes, que el efecto sorpresa del titular, estamos dirigidos mentalmente por el volumen de las audiencias.
En efecto es mucho más influyente la medición, supuestamente veraz, del resultado de la efectividad de un discurso, que del propio contenido.
Lo hemos comprobado en las últimas campañas electorales. Bueno, en realidad, lo veníamos comprobando desde años atrás. Apenas nadie lee los Programas que presentan los distintos partidos. En realidad, apenas se redactan programas, en el sentido estricto.
Ahora, convienen más los decálogos de medidas resumidas. Los dípticos repletos de imágenes. Y sobre todo, las campañas remitidas desde las redes sociales que multiplican el añejo “ boca a boca”. Incluyendo las denominadas, de toda la vida, mentiras.
Puede parecer una frivolidad pero, lo cierto es, que solo las élites, fundamentalmente intelectuales, son  aquellas que verdaderamente se preocupan por lo que pudieran decir las letras pequeñas del catálogo de ofertas que nos presentan. Si bien es verdad, que, en ocasiones, aunque sólo sea de un modo efectista, algunos se preocupan de elaborar un denso producto difícil de digerir para una mayoría acostumbrada a que todo vaya demasiado rápido.
Hay que reconocer que, sobre todo desde la izquierda, se siguen los modelos participativos. Se escucha a numerosos colectivos. Se recogen propuestas. Se suman a iniciativas que finalmente identifican a la sociedad que se ve reflejada en los documentos.
Sin embargo, la rentabilidad se mide en concepto de masas. El número es más determinante que el principio. El no detenerse mucho tiempo en lo mismo resulta más operativo que el debate sin límites.
De esta manera, al final se trata de definir quién es capaz de conseguir ser atractivo para la audiencia. Y ésta, a su vez, no se tiene por qué ver reflejada en la razón, si no en el volumen.
Así, las voces. Así, el ruido.






martes, 11 de junio de 2019

CAMBIOS


En cualquier momento de nuestra vida hemos escuchado la expresión “ hacer cambios”. Desde el lema político “por el cambio” hasta las motivaciones profesionales, personales, económicas, culturales o sociales.
Siempre he sido partidario de luchar por el cambio a mejor. Sin embargo, no es menos cierto, que para hacer efectivas las modificaciones hay que tener fuerzas.
No es válido sólo el deseo. Tienes que sentirte arropado, legitimado por un caudal de energía que te lleve con mucha más facilidad hacia el objetivo marcado.
No seríamos nada si nuestras vidas fueran una sucesión de rutinas. En el deporte se suele hablar de salir de la zona de confort para progresar. En el terreno académico, de la cultura del esfuerzo para superar las expectativas.
En política, no se trata de transgredir, sino de avanzar. Cierto es, que lo que funciona mejor no tocarlo, pero también lo es, que lo que funciona no puede quedar inamovible. También precisa estímulos.
De esta manera lo fácil sería quedarse quieto. No complicarse la vida. Mantener los convencionalismos.
Pero lo apasionante, lo que motiva, lo que hace que la sangre fluya con fuerza es buscar metas nuevas, incluso transitando caminos inexplorados hasta el momento.
Con la preparación y el equipo adecuado no debe fallar nada. Tenemos la confianza de todos los que nos han rodeado y apoyado.
Ahora que hemos rellenado el depósito de las energías, que hemos consultado a los que tienen que suministrarnos sus consejos y a la vez formar parte de nuestros proyectos, es el momento de volver a echar a andar.
Como si fuera la primera vez. Ahora bien, con la experiencia que da el haber sido referentes en más de una ocasión.
Fieles a nuestros principios. Acompañados de nuestra Historia. Orgullosos de nuestras esencias.
Tenemos fuerzas. Tenemos ganas. Cambiemos para mejorar.





martes, 28 de mayo de 2019

VALOES EUROPEOS


Hace unos días se celebró en Yuste un debate sobre Europa. Ahora, que precisamente,  tenemos la oportunidad de sumar a las urnas municipales y autonómicas, nuestra opinión sobre qué queremos que se defienda en un proyecto que se inició hace varias décadas y que tantísimos beneficios ha traído a Comunidades como Extremadura.
Pero lo más importante, a mi juicio, son los valores. Conceptos como la inmigración, que tenemos que relacionarla con el envejecimiento de la población  y con el sostenimiento de la actividad económica y el mantenimiento de las pensiones. Esto que parece que puede ser una garantía, desde el punto de vista económico, no nos puede hacer olvidar que es mucho más importante reconocer que no se puede permitir la vulneración de los Derechos Humanos o poner obstáculos al exilio de la gente y el derecho al asilo.
Otro asunto preocupante son los populismos. Su auge vinculado, en muchas ocasiones, a las políticas de austeridad y recortes o al hecho del pacto de varios gobiernos conservadores con ellos. Incluso para los que dudan y se muestran escépticos, ¿qué les vamos a decir en los entornos rurales, si por ejemplo, desaparece la PAC?
A ello sumamos conceptos que sobrepasan la mentalidad matemática de algunos dirigentes: la urgencia de los cambios climáticos, medioambientales o la agroecología.
Las políticas comunes de inclusión o discapacidad. La discriminación social o la xenofobia. No podemos criticar, solamente, a los que ejecutan políticas en este sentido, sino tampoco tolerar a quienes consienten que esto suceda.
Además, hay temas que creíamos meramente locales y que deberían afrontarse en el marco supranacional: la lucha contra la brecha salarial o la negociación colectiva en el mundo laboral.
Por último, no podemos dejar de lado la relación de Europa y la globalización en el siglo XXI: la cooperación al desarrollo, la persecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la relación con Iberoamérica o la lucha contra el terrorismo.
En definitiva una Europa muy cercana, muy próxima a los intereses individuales y colectivos de las personas. Nos afecta muchísimo más de lo que pensamos el mantenimiento de unos valores compartidos que nos harán, felizmente más humanos, solidarios e iguales.
Traspasando fronteras.







martes, 21 de mayo de 2019

REENCUENTROS


Si el deporte es una forma especial de relacionarse, de vivir, de superación, tengas o no adversidades, el deporte especial, valga la reiteración, es justamente hiperbólico en su adjetivación
Hace unos días, se han celebrado en Navalmoral  de la Mata las últimas sesiones de la denominada convivencia de los JEDES. En ellas, se ha podido comprobar cómo, al margen de un excepcional ambiente, difícilmente comparable al que podemos ver en la mayoría de los eventos deportivos, el disfrute por la competición era intrínseco a la emoción del resultado.
Pero, además de ser lo que habitualmente etiquetamos como una escuela de valores, suponía un genial escenario para los reencuentros. Era el momento ideal para volverse a ver muchas chicas y chicos que ansiaban compartir unas horas con aquellos que vienen siendo sus rivales y amigos o sus amigos y rivales ( que en este caso nunca han venido a ser algo diferente)
La felicidad expresada en el rostro de participantes y familiares se contagiaba a una organización de las disciplinas que se extendía a lo largo de todas las jornadas.
La obtención de una medalla era celebrada, como siempre, por ser el fruto del trabajo bien hecho, pero también porque te capacitaba para realizar una hazaña: conseguir destacar, resaltar, mejorar… es decir superarte.
La ilusión, otra de las etiquetas con la que podemos aderezar estos campeonatos, se iba extendiendo a medida que se acercaba la hora de salir al escenario. Los nervios propios del que lo quiere dar todo, las prisas por ejecutar las cosas bien y la satisfacción que da al finalizar, es impagable. ¡Claro que merece la pena!
Como colofón un asunto que se desprende de todo lo anterior: cuando las cosas se hacen para que todos lo pasemos fenomenal se logra un efecto correlativo: contagiar la alegría.
Eso es lo que se ha vivido estos días en Navalmoral de la Mata. Eso es lo que se van a llevar los miles de participantes, sus preparadores, sus familias, los organizadores…
Pero como en todo gran espectáculo, una vez echado el telón, nada se para. Ya se están preparando los próximos JEDES. Ya están todos pensando en cómo acometerlos y en cómo van a ir planificando las distintas fases que les llevaran a la convivencia final.
Volveremos a vernos.



martes, 7 de mayo de 2019

¡QUÉ ALEGRÍA DA!


El domingo 28 de abril celebramos elecciones generales al Congreso de los Diputados y al Senado. Fue una jornada muy larga para la gente que estuvo en las mesas electorales, ya sea como interventores y apoderados, ya sea como Presidente y vocales de cada Mesa.
Lo verdaderamente relevante, en la mayoría de los casos que me consta, es el gran ambiente y cordialidad entre las personas que se vivió durante tantas horas de convivencia. Eso también forma parte de las lecciones que nos da el poder disfrutar de un sistema democrático.
Cada uno cumpliendo sus funciones no interfería en el desarrollo de los demás, pero a la vez dio pie a intercambiar opiniones, a colaborar entre personas de diferentes ideologías, en definitiva, a trabajar en equipo.
Nos marchamos, deseándonos poder vernos en otras ocasiones en algunos otros sitios. Y así, debería ser en todos los casos: el transcurrir con normalidad de una sesión en la que todos los españoles estábamos llamados a decidir con nuestro voto quiénes queríamos que fueran nuestros representantes.
A continuación, se producen fenómenos curiosos. Repentinamente cambia la manera de percibir la realidad para las personas en función de los resultados obtenidos en las urnas.
Comienzan los numerosos mensajes, llamadas, saludos, interpretaciones. Es el momento del tertuliano que cada uno llevamos dentro.
A la mañana siguiente paseando por las calles, la gente te para. Te felicita ( en mi caso), comparte contigo la felicidad, ves la vida con una amplia sonrisa. Parece que el resultado del trabajo previo realizado ha dado su fruto.
¡Qué alegría da!