martes, 3 de octubre de 2017

FRUSTRACIÓN


Se suele decir que no somos capaces de vivir el momento. Que siempre estamos buscando algo y que no disfrutamos del camino. Es cierto, que es muy importante ponerse retos. Planificarse. Tener una meta por la que luchar. Pero, no lo es menos, que el trayecto hasta conseguirlo, con sus sinsabores y sus placeres, tiene que ser considerado como una parte en sí. No sólo como un medio.
La experiencia en el atletismo me ha venido a demostrar que los duros entrenamientos, las noches de invierno en soledad y con condiciones climatológicas extremas. Las altas temperaturas del verano. El viento del otoño o los cambios de la primavera, hacen que las sesiones te fortalezcan hasta el disfrute, eso sí, difícil de explicar para el profano. Se llega al extremo que la competición final, el reto perseguido, es muchas veces un desahogo. Incluso si no sale bien, te conformas con todo lo que has realizado anteriormente.
Viene todo esto a cuento, porque debemos aprender a tolerar la frustración en todos los ámbitos de la vida. En la política, se suceden los acontecimientos tan rápidamente, que no somos conscientes de que el ahora, es determinante.
Señalaba, recientemente, Almudena Grandes que la memoria no es sólo el pasado, es sobre todo el presente y el futuro. Es decir, seremos lo que seremos si aprendemos de lo que hemos sido.
En ocasiones, las cosas no sucederán como lo hemos planificado, pero nada se para. Hay que actualizarse. Colaborar a reinventarnos. Procurar comprender que las líneas rectas, necesitan, cuando se precisa, sustituirlas por curvas. Por subidas y bajadas.
Como en el deporte, unas carreras se harán solos, otras acompañados, en unas serás tú el que tires delante, en otras te beneficiarás del rebufo de los demás. Pero al final, lo satisfactorio es poder disfrutar del trabajo realizado y de las metas conseguidas.
La Historia, muchas veces cíclica, está llena de altibajos. Sin embargo, a nadie se le ocurre preparar todo para buscar el desastre. Sigamos.


martes, 26 de septiembre de 2017

EVANESCENTE


Hace unos días leía la historia de una cooperante española asesinada. Se hablaba que había encontrado la razón de su existencia en los demás. Que vivía en ellos.
Se llegaba al instante tremendo, que tantas veces hemos escuchado, de percibir cómo la existencia se vaciaba, precisamente en aquellos contextos donde había plenitud de posibilidades materiales para desarrollarse.
La sensación evanescente en la que todo se esfuma. Todo desaparece. Nada permanece, la tenemos, día a día, cuando no reflexionamos. Cuando no pausamos. Cuando no interiorizamos las decisiones.
En la vida pública se producen frecuentemente comportamientos bipolares. Excrecencias dialécticas de las que luego nos arrepentimos. Como solemos decir de manera coloquial: “prontos”.
Por eso, imbuidos de una civilización donde se prima la inmediatez, es el momento de reivindicar la profundización. La lectura serena y tranquila de los acontecimientos. El combate del esfuerzo por convencer al adversario que, únicamente, se gana cuando eres capaz de demostrar que no es la sonoridad de unos aplausos, o el estilo soez de tu forma de expresar, la que levanta los ánimos, sino, la certeza de la bondad de tus argumentos. Con más o menos silencio.
Ahora, con el comienzo del otoño, nos entran las prisas por llevar a cabo, sin dilación, los objetivos anuales. Despreciemos la luz de lo instantáneo y recorramos los vericuetos de las subidas y las bajadas, de los aciertos y los errores, del caminar  cuatro pasos aunque retrocedas dos.
Aprendamos a escuchar más allá de nuestras propias voces. En los otros está la sabiduría. Corramos con pasión, una y otra vez. No dejemos nada al albur del triunfo de lo esporádico. Busquemos consolidar el progreso.






martes, 19 de septiembre de 2017

VALORES DEMOCRÁTICOS


Cuando hablamos de valores, parece que nos referimos a cuestiones intangibles. Están ahí, pero no podemos tocarlos ni materializarlos. Si encima le añadimos el concepto democrático, introducimos un elemento más de complejidad.
Sin embargo, no es menos cierto, que los valores democráticos no surgen de la nada. Hay que educarlos. En estos últimos días hemos asistido en España a la recurrente apelación sobre la supuesta perversión de la Democracia.
Se ha llegado al extremo de acusar, de manera totalmente infantil, como si de un enfado púber se tratara, de incumplimiento de sus normas por parte del Gobierno de la Nación.
Esto, que alguien podría pensar que se trata de mentes poco cultivadas, lamentablemente no es así. Disfrazados de la pátina de la superioridad intelectual, de la llamada a la desobediencia ante lo que no nos gusta, se impulsa la rebelión.
Estamos hablando, una vez más del nacionalismo. Desde el respeto a los sentimientos individuales ( no olvidemos algo de lo que nadie duda: España es una Nación), es evidente que no podemos cerrar los ojos ante miles de gritos que claman por su independencia. Tampoco podemos dejar “tirados” a otros tantos que se muestran inclinados por mantener su sentido de  la identidad histórica y compartida entre todos los españoles.
A  eso se le añade el mensaje de que cualquier mentalidad progresista estaría de acuerdo en que la frontera divide. Traza líneas de separación. Induce a la desigualdad, a la intolerancia y a la insolidaridad. Se olvida de aquellos que contribuyeron a hacer de su tierra un espacio de convivencia y de progreso y elimina, a través de un Boletín Oficial, todo ese legado.
Pero, sobre todo es injusto. Ahora, que se ha crecido más que en otras partes del Estado se apela a no contribuir al desarrollo de los demás. A la insurgencia contra la pobreza. A incrementar los elementos que subrayan las tragedias humanas del paro y de los desequilibrios en todos los sentidos: infraestructuras, financiación y modelo de desarrollo común.

Por muchas razones y en un mundo cada vez más globalizado, me siento, desde la asunción de las diferencias, si cabe más internacionalista. Me alegro del bienestar de unos, como me apeno de la decadencia de otros. Me gustaría sentirme partícipe de ambos.

martes, 12 de septiembre de 2017

CAMBIOS EDUCATIVOS


Llega septiembre y, como si de un renacer se tratara, surge de nuevo, desperezándose en un primer momento, la vida en nuestros pueblos y ciudades.
Hoy, quisiera referirme a una de las situaciones con la que nos encontramos  y que siempre nos llama la atención: la vuelta a las aulas.
Desde el punto de vista histórico, tendremos que resaltar que el sistema educativo ha ido teniendo numerosos cambios, de acuerdo a las épocas, y en los últimos años, relacionado con las leyes que lo contextualizan.
Pero, sin duda, por partir de un origen determinante para la realidad actual, hemos de reseñar las modificaciones sustanciales que tuvieron lugar a partir de la Revolución Industrial.
Fue en ese momento, cuando se ideó un sistema pretendidamente universal. En el que los obreros pudieran capacitarse para desempeñar su trabajo. En el que las clases pudieran acoger a un elevado número de alumnos y se tuviera un continuo intercalado entre las distintas materias que contarían con diferentes profesores. Allí, también, se estableció una jerarquía para determinadas asignaturas.
A partir de entonces, la situación ha devenido en adaptaciones al medio, cambios estructurales: edificios más modernos y funcionales, materiales que permitían el aprendizaje con más facilidad, profesorado cada vez más y mejor formado….
En paralelo se sucedían las teorías pedagógicas y su aplicación iba directamente influida por el medio político en el que se desenvolvían. Así, democracias y dictaduras beligeraban en pro de llevar a buen término sus propósitos adoctrinadores.
Hoy, la dinámica viene determinada por la pugna partidista. De esta forma, y a falta de un Pacto Nacional por la Educación, convivimos con el permanente descalabro de la utilización endogámica de las supuestas virtudes o perniciosos efectos ( según quien lo describa), del modelo educativo imperante.

En realidad, lo cierto es que esta semana se ha vuelto a escuchar el bullir de miles de chicas y chicos, la mayoría deseosos de reencontrar sus amistades, de contar su bullangero verano, de fabular increíbles nuevos mundos, de continuar viviendo….

martes, 1 de agosto de 2017

PARLARE


Parlamento viene de “parlare” que significa hablar. Ha pasado un nuevo periodo de sesiones en la Asamblea. Un año más durante el que hemos hecho propuestas, votado, discutido, debatido, confrontado…
Se ha tratado de poner en público las iniciativas, no  simplemente de aplaudirlas. Exponerlas, analizarlas, modificarlas si llega el caso.
Hemos comprobado las dotes oratorias de algunas de sus señorías. El aguante o la falta de sensibilidad de otras. Las provocaciones. Los abrazos.
Hemos convivido en un espacio diseñado para que se escuche la palabra. Y para que perduren las sentencias. Para ello se han contado con la inestimable ayuda de las tecnologías de la información y de la comunicación que permiten, a cualquier ciudadano, seguir Plenos, Comisiones, actos, a través de la página web de la Asamblea en el momento en el que lo estimen oportuno. O recuperar sus documentos.
El anecdotario posiblemente se escribirá en las publicaciones que suelen conmemorar los aniversarios que regularmente se suceden. Pero me quiero quedar con la presunta contradicción que llega a suponer el combate dialéctico y, a veces, casi llegando a algo más que el simple intercambio de adjetivos, y el buen ambiente que se acostumbra a percibir en los espacios comunes entre diputados de cualquier ideología y/o partido.
Eso es también la democracia. El respeto al diferente. No resulta fácil en determinadas situaciones, pero hay que aclamar que en Extremadura, salvo muy puntuales excepciones, lo estamos consiguiendo.
Evidentemente, eso redunda en el progreso y en la facilidad del trabajo parlamentario. En la mayoría de las ocasiones, no se perciben  excesivas trabas burocráticas para llevar adelante las propuestas. Se suele ceder en los tiempos, en el ordenamiento de los temas, en la secuencia de los asuntos…. con la obvia asunción de que cada grupo defiende los intereses y el programa de los votantes a los que se debe y  por encima de todo, el interés general de Extremadura.

Tras unas semanas de cambio de actividad, seguro que en septiembre volveremos con la fuerza y las ganas del que comienza de nuevo.