martes, 13 de noviembre de 2018

AHORMAR


En muchas ocasiones hemos hablado de la teoría de los matices. De la no existencia de verdades absolutas. De la gama de grises ( o de que nada es totalmente blanco o negro). En política, o en la cosa pública, siempre se han tratado de buscar justificaciones ante cualquier situación: ya sea un resultado electoral, ya sea una medida ansiada o conseguida , o ya sean diferentes puntos de vista ante un mismo asunto.
Por esa razón llama mucho la atención el hecho de que la derecha de Extremadura, ante problemas de gran magnitud, se cierren en banda y entiendan que su propuesta es la dotada de mayor ( por no decir única) autenticidad.
Pongamos el último ejemplo: el clamor de la ciudadanía extremeña por unas infraestructuras ferroviarias a todas luces ( a todas) muy mejorables, la necesidad de parar y decir basta, la presión en las instituciones, en los despachos y en la calle, los agravios comparativos y así un largo etcétera, se chocan con la decisión unilateral del PP de volcar todas estas insatisfacciones en una vuelta a Madrid.
Es decir, se pretende ahormar o amoldar las pautas de conducta de la mayoría de la ciudadanía extremeña a las de una sola parte. De nada sirven los ingentes esfuerzos de mantenernos unidos. De intentar alejar el discurso individualista, el de “sálvese quien pueda”, el de no caminar en distintas direcciones o a diferentes velocidades.
El denominado Pacto del Ferrocarril viene representando el deseo de reivindicar una mejora de las condiciones para todos y sin que nadie tenga que apuntarse lo que coloquialmente conocemos como un tanto o una medalla.
Allí se ha podido discutir, matizar, exponer, cada uno sus criterios y finalmente acordar las acciones a llevar a cabo.
Pero siempre sale un PP queriendo sacar la cabeza y minusvalorando la capacidad movilizadora de nuestra tierra y en nuestra tierra. En esta ocasión se ha optado por Cáceres como punto de encuentro. El año pasado fue Madrid. Ambos escenarios son perfectamente válidos siempre que vayamos todos juntos.

¿No es mejor una multitudinaria manifestación sin ideologías y con personas venidas de todos los puntos de nuestra geografía en un lugar tan emblemático como la estación de Cáceres? ¿ o se prefiere un acto sectario, parcial, convocado por un determinado lugar del espectro político en solitario en Madrid justo el día antes que la de Cáceres?

martes, 6 de noviembre de 2018

DEBATES JUVENILES


Por segunda semana consecutiva ha dado la casualidad que he participado en un acto con jóvenes. En esta ocasión, me correspondió intervenir en un debate sobre el calor en los centros educativos en el IES Virgen de Soterraño de Barcarrota.
Si bien el tema era motivador, lo verdaderamente relevante fue encontrarnos en una actividad donde los verdaderos protagonistas fueron chicas y chicos de 16/18 años. Ni padres, ni profesores, ni representantes municipales presentes tomaron la palabra. El formato quiso que tras la intervención de los políticos fuéramos requeridos por un elevado número de cuestiones que nos plantearon sin cesar.
De nuevo quedó claro que, ante las propuestas presentadas, las prioridades de los gobiernos, las actuaciones realizadas o pendientes de ejecutar…, en el aire quedaba la importancia de la reflexión, el romper el hielo y hablar en público, el respetar lo que los demás opinaban y, en definitiva, el no plegarse al conformismo e insistir una y otra vez que ante un problema, se precisa una solución.
Los jóvenes suelen vivir la vida muy rápido, les cuesta trabajo reconocer el medio plazo ( el largo ni se lo planteaban). A su vez, fue preciso resaltar que deben reconocer el camino andado, que lo que ellos disfrutan ( o padecen) es el resultado de una trayectoria y un trabajo previo. Pero, sin embargo, la inmediatez les hacía precipitarse hacia le terreno de la exigencia.
Fue muy positivo hacerles ver la necesidad de implicarse, de participar, incluso de asociarse. Desmitificar tópicos como cuando al referirse a los políticos parece que   “ todos somos iguales”. Reconocernos en las diferencias y, sobre todo, ser conscientes de que pueden hacer mucho más que dejar pasar el tiempo. Han sido conscientes de cómo gracias a sus movilizaciones han logrado determinadas conquistas y que si se persiste, al final la razón triunfa.
La ponderación, el equilibrio, la reiteración en el conocimiento de las prioridades o el aceptar que estamos en una transición hacia el futuro fueron puntos que tocamos con profusión.
La inversión que se ha hecho en educación, no sólo en infraestructuras, sino también en la bajada de la ratio y en el aumento del alumnado nos sirvió de piedra de toque para establecer comparaciones con nuestro pasado más cercano.

Finalmente la educación medioambiental y en valores será fundamental para paliar los efectos de un cambio climático, que pese al escepticismo de la derecha, lo vemos cada día que pasa. Queda claro que ya nadie ve bien que se tire, por ejemplo, un recipiente de vidrio al contenedor orgánico. Pequeños pasos.

miércoles, 31 de octubre de 2018

BRECHA GENERACIONAL Y MEMORIA


Hace unos días asistí como ponente en Zalamea de la Serena a unas Jornadas organizada por las Juventudes Socialistas de la provincia de Badajoz. De entrada, me sorprendió agradablemente, encontrarme con un nutrido grupo de jóvenes, que desde el viernes al domingo, se reunían para escuchar diferentes intervenciones centradas en temas de igualdad, Memoria, feminismo, participación de la mujer en política, asuntos colectivos…. Esto viene a corroborar el interés por esas generaciones, a las que ya se nos acaban las letras del abecedario para etiquetar y que muestran, desde la atalaya de sus preocupaciones y sus propias culturas, un conjunto de inquietudes sociales y políticas muy alejadas de la apatía que las mentes más conservadoras nos han pretendido inocular.
A mi me tocó, acompañado de Miguel Ángel Gallardo, hablarles de Igualdad y Memoria. De nuevo me encantó el largo y profundo debate tras las intervenciones. La parte esencial, desde mi punto de vista, fue hacerles ver, a raíz de una de sus preguntas, cómo desde la educación se puede romper la brecha generacional que haga atractiva la Memoria Histórica a los jóvenes. No olvidemos que fueron prácticamente las terceras generaciones, los nietos de los asesinados y represaliados, los que hicieron posible el movimiento memorialista. Ahora, sin embargo, nos encontramos con un sistema educativo que adolece de la imperiosa necesidad de transmitirles estos contenidos. De enseñarles toda la Historia de España. De describirles los horrores de la Dictadura y mostrarles la enorme diferencia que hay con la actual Democracia. De indicarles cuál fue el camino transcurrido en la Transición para llegar a ello. De volver su interés hacia las víctimas. De recordarles las dificultades que tuvieron las mujeres que decidieron inmiscuirse en política.
En ese sentido es responsabilidad de las instituciones y del profesorado llegar al convencimiento que la introducción de estos temas en el curriculum hace preciso su impartición en todos los niveles.
Fue bonito ver que gente que está saliendo de la adolescencia se te acerque y te pregunte. Por eso, respondiendo a otro de sus compañeros, lo que más duele es el silencio y la mentira. Lo que más nos gustaría es que los torturadores de los estudiantes universitarios de los años 60 y 70 fueran conocidos en las lecciones de Historia que reciban nuestros alumnos. Lo que precisamos ahora, que se acusa de alimentarse  la extrema derecha, nutrida de discursos xenófobos y excluyentes, es tener claro la educación en valores que prefiere no tenerlos al lado, por muy numerosos que pretendan ser o por los gritos y amenazas que profieran. Esa es la pedagogía necesaria y, sin duda, tenemos una buena cantera para recibirla.


martes, 23 de octubre de 2018

LOS MITOS DE LA TRANSICIÓN


Recientemente una diputada del PP en la Asamblea de Extremadura manifestaba, sin ningún tipo de rubor, que la izquierda española despreciaba la Transición.
Sería recomendable que leyera un poco más. Que hablara con los protagonistas que aún están vivos. Que no tratara de generalizar y entendiera que existen los matices, como hemos señalado en más de una ocasión.
Cierto es, que en torno a la Transición se ha elaborado un aura de leyenda que ha tratado de desacreditarse por un extremo o de ensalzarse, en algunos casos, por otros.
Sophie Baby, en su libro “El mito de la transición pacífica: violencia y política en España (1975-1982)” reflexiona en el sentido de que ante el debate de ruptura o reforma, lo que se produjo fue un híbrido, fruto de un gran consenso.
Nos encontramos con situaciones en las que no hay que minusvalorar la importancia o influencia de las movilizaciones colectivas: de abajo a arriba, la  cultura de la negociación y los pactos.
Por otra parte, un tema muy recurrente ha sido la violencia política en la Historia del siglo XX en Europa. Y España no es una excepción. Por eso, la violencia que se produce fundamentalmente en las décadas de los 70 y 80 nos desvían del mito de transición pacífica, sin derramamiento de sangre, que algunos historiadores han querido plasmar, apuntando, si acaso, a momentos puntuales como el 23-F o el terrorismo vasco.
Se ha olvidado, en numerosas ocasiones, el papel de las víctimas y su Memoria en aras de no empañar un modelo que ha servido para países que dejaban regímenes autoritarios
El caso real es que nos encontrábamos en el momento fundacional de la actual democracia ( hace unos días nos lo recordaba el profesor Enrique Moradiellos). La sociedad española ha cambiado mucho durante estos últimos 40 años y si antes no se podía hablar, comentar o criticar alguno de estos temas, ahora podemos encontrarnos, en otro extremo, también  injusto, de echar por tierra todo lo que se avanzó en unos momentos especialmente convulsos.
En nuestro imaginario colectivo debe quedar el esfuerzo del gradualismo que ha supuesto pasar de una Dictadura a una Democracia en un espacio de tiempo en el que era fácil que convivieran elementos distorsionadores.





miércoles, 17 de octubre de 2018

FEDERALISMO


Hace unos años, la Fundación Alternativas nos reunió a un grupo de intelectuales extremeños para debatir sobre lo que entendíamos que podía ser la España plural. La semana pasada, dentro de los denominados “Diálogos en el claustro”, han traído, de nuevo a Mérida, a Nicolás Sartorius  junto a Eduardo Madina. En esta ocasión para departir sobre el concepto de federalismo.
Cierto es, que a lo largo de nuestra Historia reciente ha sido un asunto no resuelto, pese a los tímidos ( y escasos ) intentos por implantarlo. Sin embargo, ha originado equívocos, como le pasó a alguno de los asistentes a este debate que asociaba el federalismo con el republicanismo. Y no siempre ha sido así. Ni tampoco lo es ahora.
Pongamos algunos ejemplos. Durante la Segunda República española se implantó un régimen centralista que quiso dar paso a lo que podría convertirse en un Estado de las Autonomías. Pero no sin resistencias. No es baladí recordar ( por algunas similitudes con la realidad actual) las masivas protestas en buena parte de España ( las manifestaciones en Cáceres son prueba de ello) que se realizaron cuando se estaba debatiendo en 1932 el proyecto de Estatuto de Autonomía de Cataluña. Por no insistir en el fallido proyecto extremeño ( impulsado por las dos Diputaciones y que pretendía incluir a la provincia de Huelva, buscando una salida al mar).
En el momento presente no es lo mismo el caso de Francia y el de Estados Unidos, por poner dos países con un sistema territorial muy diferenciados y en los que ambos son República.
Por esa razón, una vez más, parte del problema es el concepto: la palabra tira, de entrada, para atrás. La han asociado a separatismo. Quizás sea necesario hacer pedagogía avanzando gradualmente hacia el federalismo profundizando en el desarrollo del Estado de las Autonomías o modificando algunos aspectos legislativos.
Sin embargo, como indicaba Madina, nos empeñamos en gastar muchas energías en la cuestión territorial y dejamos de lado la insistencia en las políticas sociales. Unas políticas que deberían ser comunes para la totalidad del Estado y con la garantía de la igualdad de oportunidades en cualquier parte que nos encontremos.

Ahora, por el contrario, tenemos significativas diferencias que pueden servir de caldo de cultivo para que populismos de izquierdas y de derechas socaven la credibilidad del modelo de convivencia que tanto nos ha costado.