martes, 12 de diciembre de 2017

ROTONDAS Y PERSONAS


La izquierda y la derecha no pueden ser nunca lo mismo. En muchas ocasiones la ciudadanía nos pide a los políticos que nos entendamos. Que busquemos el bien común. Que nos esforcemos por conjuntarnos en torno a los intereses generales. Que hay cuestiones en las que no caben  los matices. Y tienen razón.
Sin embargo, en políticas del día a día. En el diseño del contexto que rodea la cosa pública, queda claro las enormes diferencias de concepto.
Lo acabamos de vivir en la discusión del debate a la enmienda a la totalidad  sobre los Presupuestos regionales que la derecha extremeña ha presentado el lunes pasado en el Pleno de la Asamblea.
Allí, si quisiéramos entrar en la letra pequeña, encontraríamos dos modelos sustancialmente diversos. El que se preocupa por las rotondas ( el Partido Popular) y el que centra la atención en las condiciones de vida de las personas ( el grupo parlamentario PSOE-SIEX).
No es un tema baladí. Si desmenuzas el contenido de los proyectos, es fácilmente percatable el interés de la izquierda por aumentar los recursos destinados a políticas sociales. Posiblemente, en detrimento o no priorizando la puesta en marcha de otro tipo de necesidades menos perentorias.
Por esa razón, sí que es un timo lo que defiende el expresidente Monago. Habla de una forma insistentemente crítica sobre un modelo que no comparte: el que significa recuperar derechos y procurar que las clases medias y trabajadoras vuelvan a estar en el objetivo de la Hacienda extremeña. Y decimos que es un timo, pues dedica todo su tiempo a intentar desprestigiar la defensa de los más débiles. No es capaz ( pese al teatro que le empuja a escenificar su no propuesta) de defender una alternativa al acuerdo, al consenso, al diálogo entre las fuerzas progresistas de la región. Si ahora somos capaces de entendernos en torno a una manera de concebir el servicio público, deberían dejar hacer, en lugar de entorpecer.
No creo que el ruido sea la mejor manera de volver a la escena.



martes, 5 de diciembre de 2017

EXTEMPORÁNEO


Ahora que se acerca diciembre, es el momento de entrar en el debate de los distintos Presupuestos de las Administraciones Públicas. Nos fijaremos en las grandes cifras. En las subidas y bajadas. Interpretaremos o haremos a los números “cantar” lo que a cada grupo le interese resaltar. Se repetirán lugares comunes como la importancia de las políticas sociales, la educación, la sanidad, la dependencia y el empleo.
Sin embargo, hay asuntos que pueden parecer extemporáneos en este tipo de debates. Inconvenientes. Quiero apuntar aquí uno que me toca muy de cerca: las políticas de Memoria Democrática.
Esta semana tuve la ocasión de reunirme en Sevilla con el Director General de Memoria Democrática de Andalucía. Pude comprobar in situ los avances en este sentido que se han logrado en estos años: ya sea desde el punto de vista normativo, como también en el acompañamiento de unos instrumentos administrativos. Si le sumamos la ayuda de la Universidad, entre todos, están contribuyendo a llevar a cabo un gran número de iniciativas que, sin duda, ayudan a comprender el fenómeno.
En Extremadura, ya desde comienzos del siglo XX tenemos mucho terreno avanzado. Ahora, a la espera de la aprobación de la nueva Ley, vemos como se empiezan a reflejar en los Presupuestos de algunas instituciones, como las Diputaciones, la creación de Comisiones que se van a encargar, de algo tan de sentido común, como velar para que se cumplan las Leyes.
Elaborarán catálogos de vestigios, informarán a las Administraciones sobre simbología, atenderán a consultas de la ciudadanía…
En definitiva, a veces, lo más importante no es la inversión, si no la voluntad de llevar a cabo unas líneas de actuación que sean sensibles con lo aprobado en nuestras Leyes.
Claro que muchos volverán al recurso retórico de la extemporaneidad: como si fuese incompatible mantener la Memoria, preservar la Historia, consolidar los valores de la Democracia y del pluripartidismo con preocuparnos con los asuntos del día a día. A mi juicio, no sólo no son incompatibles, si no que  ha sido necesario el trabajo de muchos españoles décadas atrás para que podamos hoy en día, hablar con libertad.



martes, 28 de noviembre de 2017

EPÍTOME


Ya nadie se escapa de la escasa reflexión, característica de la sociedad en la que nos desenvolvemos y que, paulatinamente, empobrece nuestro intelecto. Es cierto, que cuando desde la superioridad (presunta) moral, que da la utilización del discurso extenso, se ridiculiza la cultura de los 125 caracteres, no lo es menos, que es una batalla perdida. No se trata de comprender un nuevo mundo, se trata de asimilar que vives en él.
Hubo épocas en las que para desarrollar las ideas fabricabas resúmenes, síntesis, epítomes de textos extensos, que con su repetición permitían su mejor asimilación.
Ahora, ya no basta el resumen. La palabra debe ir acompañada, irremediablemente, de la imagen. O expresándolo de una manera mucho más acertada: a las imágenes le acompañan algunas palabras.
El sentido de lo que buscamos expresar se encuentra en iconos, abreviaturas, imágenes y en alguna ocasión, una frase forzada.
Pero nos quedan los libros, donde recreamos otras vidas. Aprendemos, sonreímos, suspiramos... Nos relajamos con el paso del tiempo
Bajemos a la realidad más cercana. El sábado pasado conjugábamos las imágenes de miles de extremeños en Madrid, reivindicando la mejora de nuestras infraestructuras ferroviarias, con la sosegada explicación que te dan quienes los sufren con frecuencia: largos trayectos en condiciones totalmente inadecuadas, retrasos recurrentes, averías….
En breve, otro epítome llamará a las puertas de nuestra Comunidad: los presupuestos autonómicos. El resumen del esfuerzo por entendernos. Por buscar lo mejor para todos. Por ceder ante lo necesario.
Esperemos que la inteligencia desplegada a la hora de idear proyectos, de poner en marcha iniciativas, de desarrollar y de sintetizar, se plasme en concreciones que corten de raíz el afán de criticar cuando no somos capaces de llevar adelante lo que otros se proponen.







martes, 21 de noviembre de 2017

EXTREMADURA EN EL MUNDO


En unos momentos en los que tanto se debate sobre las fronteras, los desplazamientos, las singularidades… es oportuno recordar un concepto que he escuchado en la presentación de un proyecto de investigación sobre cooperación: la necesidad de estar donde los otros, al mismo tiempo que los otros están en nosotros.
Es decir, Extremadura en el mundo y el mundo en Extremadura. Es lo que podríamos denominar: transversalidad. Pensar en cooperación es pensar en el desarrollo de todos. Es un fenómeno recíproco. Dejar a un lado, la teoría exclusiva de la ayuda al necesitado, para identificarnos con ellos, al igual que contribuimos a que ellos se sientan parte de nosotros.
Esa es la definición del modelo. Ese debe ser el hilo conductor  de nuestras propuestas. Ese debe ser el diagnóstico de la situación. Somos una Comunidad periférica, que históricamente ha tenido la inquietud de mostrarse al exterior, pero que a la vez ha sido un punto de encuentro o un lugar de excepcional acogida. Veamos la idoneidad de la cooperación como el instrumento para sentirnos todos una misma entidad.
Si precisamos una búsqueda de relaciones entre las partes, tendríamos que llegar a la conclusión de que nos sentimos afectados en los mismos términos. Por consiguiente, no es necesario poner fechas de caducidad: la cooperación a lo que se denomina el desarrollo es permanente. Prueba de ello es el excepcional trabajo que está realizando desde AEXCID, su responsable, Ángel Calle. Siempre colaborando con un ingente número de ONGs y agrupaciones municipales como FELCODE (por cierto qué gran labor desarrollan fundamentalmente en América Latina) y Asociaciones que  han advertido la necesidad de estrechar y compartir cada vez más vínculos.
Con un cambio constante de paradigmas, la implicación, la participación de los sectores más sensibilizados, junto con el imprescindible aumento de presupuestos destinados al efecto, tienen que hacer más fácil el camino.
Pues no obviemos lo que anunciábamos al principio: estamos en el mundo porque el mundo está en nosotros.





martes, 14 de noviembre de 2017

CEBO


Está pasando, como en la frase atribuida a Montoro, “ hubo que poner un cebo”.  La actual situación política española está necesitada de marcar una línea que, a modo de señal, reconduzca el violento escenario en el que nos encontramos.
Ya nos recordaba el profesor Enrique Moradiellos, que, en el caso de Cataluña, como en el de tantos otros de nuestro reciente pasado, tenemos que mirar a la Historia. No sólo porque sea cíclica. No sólo porque haya que aprender para no repetir los errores. Sino, también, porque es el instrumento que nos hará perseverar hasta conseguir, dentro de las dificultades, una primera solución a los problemas y la tentación de que sea lo más duradera posible.
Ahora hemos puesto como referente diferenciador las elecciones del 21 de diciembre. Somos todos conscientes de que se va a necesitar muchísimo más tiempo para recuperar la normalidad de convivir entre diferentes. No podemos ser optimistas, viendo la que está cayendo, si dirigimos un pensamiento obtuso en que la dinámica de bloques, con un vencedor y un ganador resuelve el denominado “procés” catalán.
Una sociedad dividida, donde los “malos” ( sean quienes sean) son muchos o donde la marca separatoria entre  mayorías y minorías es mínima, requiere de algo más que una dosis de pronunciamiento electoral. Ha pasado mucho tiempo en el que ambas partes han rearmado el argumentario justificador de su idoneidad.
El lema “no estamos/estáis solos” vale ya, como se diría coloquialmente, para un “ roto y un descosío”.
La educación es la clave para aceptar que tenemos unas normas y que, pese a que en algunas ocasiones no son de nuestro agrado, hay que cumplirlas. La educación tiene que servir para comprender que se pueden cambiar las cosas. Que nada es inmutable o intocable pero, que para hacerlo, existe una reglamentación, un proceso. El verdadero proceso.
Así pues, quizás, no solo valga el cebo de Montoro : “ En el fondo del mar, los pececitos se van o se quedan como están”.