martes, 14 de noviembre de 2017

CEBO


Está pasando, como en la frase atribuida a Montoro, “ hubo que poner un cebo”.  La actual situación política española está necesitada de marcar una línea que, a modo de señal, reconduzca el violento escenario en el que nos encontramos.
Ya nos recordaba el profesor Enrique Moradiellos, que, en el caso de Cataluña, como en el de tantos otros de nuestro reciente pasado, tenemos que mirar a la Historia. No sólo porque sea cíclica. No sólo porque haya que aprender para no repetir los errores. Sino, también, porque es el instrumento que nos hará perseverar hasta conseguir, dentro de las dificultades, una primera solución a los problemas y la tentación de que sea lo más duradera posible.
Ahora hemos puesto como referente diferenciador las elecciones del 21 de diciembre. Somos todos conscientes de que se va a necesitar muchísimo más tiempo para recuperar la normalidad de convivir entre diferentes. No podemos ser optimistas, viendo la que está cayendo, si dirigimos un pensamiento obtuso en que la dinámica de bloques, con un vencedor y un ganador resuelve el denominado “procés” catalán.
Una sociedad dividida, donde los “malos” ( sean quienes sean) son muchos o donde la marca separatoria entre  mayorías y minorías es mínima, requiere de algo más que una dosis de pronunciamiento electoral. Ha pasado mucho tiempo en el que ambas partes han rearmado el argumentario justificador de su idoneidad.
El lema “no estamos/estáis solos” vale ya, como se diría coloquialmente, para un “ roto y un descosío”.
La educación es la clave para aceptar que tenemos unas normas y que, pese a que en algunas ocasiones no son de nuestro agrado, hay que cumplirlas. La educación tiene que servir para comprender que se pueden cambiar las cosas. Que nada es inmutable o intocable pero, que para hacerlo, existe una reglamentación, un proceso. El verdadero proceso.
Así pues, quizás, no solo valga el cebo de Montoro : “ En el fondo del mar, los pececitos se van o se quedan como están”.



martes, 7 de noviembre de 2017

INVERSIÓN FALLIDA


Hace unos días asistí a una Jornada, en la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura, para conmemorar el 25 aniversario del Colegio de Licenciados de Educación Física.
Pude escuchar una serie de atractivas ponencias, y tuve, también, ocasión de compartir un ameno debate. Durante el mismo, me impactó la expresión utilizada por el Profesor de Derecho Laboral, Francisco Rubio, al referirse al concepto de inversión fallida.
Se hacía alusión a toda la formación sin retorno que, lamentablemente durante las últimas décadas, estamos padeciendo en España. Se hacía mención a cómo, de los impuestos de la ciudadanía, se realiza un gran esfuerzo para dar posibilidad de desarrollo a muchos cerebros privilegiados.
Y sin embargo, la respuesta torna en forma de precariedad en el empleo. Temporalidad en la mayoría de los casos. Sueños incumplidos en un elevadísimo porcentaje. Y lo que es más importante, trabajos muy alejados de la formación adquirida durante largos años de estudio y preparación.
Una reflexión dura, y que, la cotidianeidad, no nos debe alejar del sentido de la tragedia. Las estadísticas tienen que volcarse en revertir estas tendencias.
Hay otros ámbitos, como el de la política, en el que deberíamos ser conscientes de que los años en los que se desempeñan tareas de defensa e implicación con la cosa pública, no pueden quedar en balde.
Partiendo de la base de que nadie es imprescindible y de que todos somos necesarios, hay que exigir que una inversión en este tipo de personal, siga repercutiendo en la colectividad. Al margen de cambios coyunturales, buena parte del equipo humano que adquiere una serie de destrezas y conocimientos se ve en la obligación ( recíproca también por parte de los que les designan) de trasladar lo que tienen al resto.

Son muchos los ejemplos de los que consideran su paso por la vida pública como un paréntesis. También son muchos los que la viven desde la incertidumbre de la continuidad. Sin embargo, no estaría de más, que en todos los casos se asumiera que nos encontramos obligados al servicio de lo público y que, como cuando hablábamos de los estudiantes, se produce una inversión que precisa de una necesaria respuesta hacia la sociedad en la que vives. No sólo durante, sino siempre.

martes, 31 de octubre de 2017

DIGNIDAD


El pasado fin de semana estuve fuera de España. Lo primero que tuvimos que hacer fue acudir a Sevilla ( también podría valer Madrid) para coger un avión. Ya de entrada, hay que lamentar la pérdida de tiempo en el desplazamiento por carretera hacia el aeropuerto, debido a que en Extremadura los escasos viajes que se pueden realizar desde este medio limitan mucho los destinos.
Te come un poco la impaciencia cuando te percatas  de que tardas más en el trayecto hasta el embarque que en el viaje en sí. Y mucho más, cuando recurres nuevamente al discurso doliente regional de nuestro aislamiento. Con un tren digno, todas estas calamidades quedarían paliadas. Ya sea para viajes directos. Ya sea para empalmar con otras posibilidades.
Por eso recurrimos a la movilización. Por eso pretendemos que sea multitudinaria. Por eso somos conscientes de que estamos penalizados con un ingrediente extra: la escasez y dispersión de nuestra población que hace que sea mucho más difícil aunar miles de voces entorno a una causa tan justa.
De esta forma, es duro ver cómo nos conformamos con los lamentos en los entornos más cercanos. Cualquier encuesta a pie de calle, en las cafeterías, los comercios, la consulta del médico, la puerta de un colegio,… obtiene la misma argumentación: no nos gusta ser ciudadanos de segunda clase. Nos sentimos menospreciados por la Administración central del Estado. Entendemos que no se nos considera adecuadamente, ya sea por no tener el suficiente nivel de presión para exigirlo, ya sea porque no podemos condicionar, dado nuestro peso en el resto del Estado, las prioridades del Gobierno.
Y eso es de lo que se trata cuando hablamos de solidaridad. Cuando nos referimos a la necesidad de un Estado que vele por todos. Cuando preferimos vivir unidos, para procurar estar pendientes unos de otros. Es precisamente, lo que en el contexto en el que nos desenvolvemos, se está quebrando.
Pugnemos por contribuir a cambiar este repertorio de imágenes. Nos gusta Madrid por lo que representa: el nexo de unión entre los territorios. Allí nos encontrarán el 18 de noviembre. Ese es nuestro sitio.


martes, 24 de octubre de 2017

INCENDIARIO


Arden Galicia y Asturias. Arden Cataluña y España. ¿Qué tienen todas en común? Un detonante: la intencionalidad, por un lado, y la solidaridad ante las causas comunes, por otro. No es pura casualidad.
La lluvia mansa de los últimos días podría mitigar. Pero el daño causado es mucho. La convivencia, el dotarnos de normas, el trasvasar la frontera de los sentimientos, el egoísmo y su contrapartida, la generosidad,… son calificativos característicos de los  momentos en los que nos ha tocado vivir.
El resultado no es el fruto de un calentón. De un improvisado escenario. Más bien estamos ante una catarata organizada de elementos relacionados. No dejes para el verano lo que puedes atajar durante el invierno, siempre nos han dicho.
Ahora pasa igual: durante años se ha estado planificando una estructura de odio al diferente, aderezada por un ensalzamiento de lo singular. Y un sálvese quien pueda frente a la estructura mental que nos venía a convenir “dejemos un mundo mejor a las generaciones venideras”.
Ha bastado la actuación premeditada y,  a la vez, espontánea de los que encienden la mecha para que comiencen los incendios.
Empezaron en Cataluña y siguieron en Galicia. ¿Quién no nos dice que no podamos encontrarnos territorios y masas de personas que quieran seguir esta senda?
El instrumento para combatirla es la educación. Es cierto que hay métodos más incisivos, contundentes y efectivos a corto plazo. Pero, no lo es menos, que contribuirán, sin duda, a reproducir situaciones similares dentro de poco.
Por eso mismo, parafraseando a Unamuno, no se trata de vencer, solamente, se trata de convencer. La división no es buena compañera. El diálogo y la persuasión nunca pueden ser dañinos. Los puntos de encuentro contribuirán a cesiones y a la vez a amortiguar el ruido. Sin duda, nos sobran las razones para seguir juntos. Para apagar estos incendios. Para empujar a la lluvia a limpiar la atmósfera y con ella suavizar corazones y templar cerebros impulsivos.

La imagen de una porra o de una llama ardiendo, tiene que ser sustituida por la rosa y el verde de los fructíferos campos.

martes, 17 de octubre de 2017

RENOVACIÓN


El pasado fin de semana se han celebrado los Congresos  Provinciales del PSOE de Extremadura. Y digo celebrado, a propósito, pues se trata de la consumación de la fiesta de la renovación orgánica en el Partido. Se ha debatido y aprobado la gestión de las Ejecutivas salientes, prueba inequívoca de que las cosas se han hecho bien. Entre otras razones, han sido los responsables de llevar a la organización a la recuperación de la confianza que la ciudadanía extremeña depositó en los socialistas.
Ahora, se trata de impulsar lo conseguido. Para ello, no bastan sólo los nombres, la fuerza de la gente. Miguel Ángel Morales y Rafael Lemus tienen ante sí el reto de poner en marcha un dispositivo ideológico y programático que responda a las necesidades concretas de los extremeños.
Tras un proceso de primarias, del que ha salido lo mejor que tiene el PSOE, nos encontramos en la necesidad de dar respuestas a cuestiones tan básicas como las infraestructuras. En breve, por ejemplo,  tenemos que volver a clamar por el AVE en Madrid.
La Economía Verde, sobre la que se está trabajando en los últimos meses, con la ayuda inestimable de la Universidad de Extremadura y la implicación en interés de numerosas empresas y colectivos, convencidos de que es un camino de no retorno.
La lucha contra la despoblación. Pese  a que en nuestra región, a diferencia de otras zonas de España, no se ha cerrado ningún pueblo y mantengamos una digna presencia de servicios públicos esenciales en ellos, como son la sanidad y la educación, no es menos cierto que es una preocupación enorme. Además, encadena el resto de políticas. De mantener una pirámide poblacional sostenible depende que sean efectivos el resto de objetivos del Estado de Bienestar.
En una Comunidad como la nuestra, la agroindustria debe despegar definitivamente en el próximo lustro. Es una parte esencial de nuestro desarrollo. Una seña de identidad característica de nuestro buen hacer.
Y finalmente, lo más importante: el empleo. Si el futuro está en los jóvenes y en este sector se ha cebado con crudeza el paro y la emigración, es el momento de obsesionarnos por levantar el vuelo. Por recuperar el retorno del talento. Por incentivar contrataciones públicas y privadas. Por animar la creación de estructuras que posibiliten las contrataciones.

Despedimos los Congresos con la Memoria de los compañeros, algunos que nos dejaron estos últimos 5 años. Sin ellos no hubiéramos llegado hasta aquí.éa﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽var contrataciones p cMemoria de los compañeros, algunos que nos dejaron estos ento. Por incentivar contrataciones p c