miércoles, 25 de enero de 2017

COLONIAS PENITENCIARIAS


Esta semana, el grupo parlamentario PSOE/SIEX, ha presentado en la Comisión de Cultura de la Asamblea de Extremadura una Propuesta de Pronunciamiento. En esta ocasión hemos pedido al Gobierno de la Nación que señalice las Colonias Penitenciarias de Montijo.
Para aquellos que lo desconozcan, es bueno recordar que en Extremadura, como en muchos otros sitios de España, se utilizó la mano de obra esclava, es decir los trabajos forzados, con miles de presos políticos durante el franquismo.
En pleno siglo XXI, algunos presumen de la herencia que nos dejó el aciago Régimen en forma de, por ejemplo, obras faraónicas.  Se olvidan de precisar cuánto dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte ocasionó su construcción por parte de los trabajadores explotados en condiciones de enorme dureza para llevarlas a cabo.
Por eso, nos ha parecido interesante, realizar algún tipo de reparación moral hacia ellos. Comprobar que junto a los vestigios que aún quedan en forma de barracones no existe ningún tipo de placa o monolito que indique el significado de lo que allí se hizo.
Lo símbolos, y más en el caso que nos ocupa, deberían tener un valor tremendamente pedagógico. Sería conveniente que incluso se pudieran utilizar con fines educativos, para que las generaciones joven﷽﷽﷽﷽﷽﷽nte que incluso se pudieran utilizar con fines educativos, para que las generaciones jos de España, se utilizóvenes conozcan esta parte de nuestra tenebrosa Historia.
En la construcción del Canal de Montijo, fueron casi 1500 prisioneros políticos, muchos de ellos extremeños, los que pasaron por este auténtico campo de concentración. Un lugar donde es necesario bloquear el olvido y fijar la memoria.
Este tipo de reconocimiento público ha de ser útil para, por un lado, saldar una deuda pendiente con sus familias  y, por otro, recordar que no hace mucho tiempo, se saltaron todos los límites del respeto entre compatriotas. Todavía hoy hay quiénes lo justifican. Todavía hoy, algunos se enorgullecen de la barbarie. Todavía hoy.







martes, 17 de enero de 2017

MESOCRACIA


Hasta hace muy poco tiempo, buena parte de las intenciones de los que diseñaban los programas de los partidos políticos iban dirigidas a lo que convencionalmente se denominaban las clases medias. Allí estaban los principales caladeros de votos y parecía ser una agradable aspiración de la mayoría ser etiquetado dentro de ellas ( en sus diferentes acepciones: clase media baja, media media o media alta). En definitiva, eran partidarios de un gobierno mesocrático, donde el concepto obrero había quedado devaluado y el de élite o clases nobles o altas era tan minoritario que se despreciaba ( en el sentido fundamentalmente demoscópico).
Sin embargo, la crisis económica ha arramblado con todo esto. Ha hecho posible que, sobre todo, desde la izquierda reconsideremos nuestros postulados. Se nos reclamaba volver a nuestros orígenes. Centrarnos en la lucha contra la desigualdad. Preocuparnos esencialmente por los más débiles. Situar el centro de nuestras políticas no en la consolidación de los que han conseguido, aunque sea mínimamente, ascender en la pirámide social, sino volver a mirar atrás. A aquellos que se han quedado parados, estancados, que han retrocedido. En definitiva, que han perdido muchas oportunidades.
Hemos construido un estado del bienestar que cuesta una barbaridad mantenerlo para un amplio espectro de nuestras capas sociales. Se engrosa la columna de los que deben y se adelgaza la de los que tienen.
Si esta descripción corresponde a un esquema general, afecta mucho más a comunidades como la nuestra, Extremadura, tradicionalmente sojuzgada y sometida a la presión de ver cómo las diferencias políticas, económicas y sociales agudizan o polarizan aún más las posturas o las tomas de posicionamiento.
Sería una pena, pero si no cambiamos esta dinámica, nos meteremos de lleno en antiguas batallas dialécticas entre arriba y abajo, pobres y ricos, explotados y explotadores…. Y en ese caso de nuevo tiene que estar claro dónde y con quién tiene que estar, la izquierda y la derecha.










martes, 3 de enero de 2017

SUBLIMADAS


En su obra, “La luz que no puedes ver”, Anthony Doerr hace la siguiente definición del concepto sublimadas:  se trata del instante en el que una cosa está a punto de convertirse en otra. El día en noche, el capullo en mariposa, el cervatillo en corzo, el experimento en resultado,…
Es precisamente en el punto en el que deseamos situarnos durante estos días. Época de balances y también de asumir nuevos proyectos. Recapitulación de errores y de aciertos. De sentimientos y de certezas. De inquietudes y de inseguridades.
Salvando las distancias sería como las hogueras de San Juan en junio. Cuando quemamos lo viejo para entrar en el camino de lo nuevo. O para los cristianos en la época inmediata a la Cuaresma. Cuando el carnaval permite sobrepasar los enjutos límites que ponemos en nuestras vidas. En ese intervalo nos prodigamos en excesos físicos y verbales, sabedores de que un tiempo mejor está a punto de nacer.
Ponemos una x en el cronograma para romper lo cíclico de la existencia. La sucesión de horas, de días y de noches, la encadenación de acontecimientos que, sin estos paréntesis, serían una sucesión de secuencias tremendamente aburridas.
Por eso es positivo situar horizontes en lontananza. Colocar aspiraciones a corto y medio plazo. Proponernos retos. Asumir riesgos. Compartir experiencias. Eso es, en definitiva, la vida.
Con el objetivo de seguir variando, diversificando nuestra presencia, despidamos este espacio en el calendario que hemos denominado 2016, para adentrarnos en una nueva secuencia que, sin duda, nos traerá multitud de cambios. En eso consiste estar sublimado. En pasar de un estado a otro.









martes, 27 de diciembre de 2016

A VUELTAS CON EL FRANQUISMO


Como buena parte de los lectores conocerán, la Fundación Francisco Franco ha premiado recientemente a un diputado autonómico del PP en Extremadura junto a dos alcaldes, entre ellos, el de Guadiana, en la provincia de Badajoz, entre otras cuestiones, por la defensa de los valores del franquismo.
Este hecho que ha provocado que corran ríos de tinta en los medios de comunicación y miles de comentarios en las redes, tiene una consecuencia, sin duda positiva. De creerlos, habríamos conseguido que los dirigentes del PP reafirmen sus convicciones democráticas.
Tras unas patéticas disculpas, se ha pasado por varias fases. En un primer momento, sin querer darle importancia al caso, se aludía al carácter personal de su presencia en el ofensivo cónclave. Cuando salen a la luz sus declaraciones de exaltación del franquismo, se apresuran a retirarlas de la página web de la Fundación, posiblemente no avergonzados, sino temerosos de las posibles consecuencias para su continuidad en la política activa.
Pero hete aquí que cual conversos, salen las élites de la derecha extremeña, a condenar, en voz baja, este tipo de actitudes, a anunciar investigaciones de lo ocurrido y a discutir en sus órganos correspondientes, si merecía, o no, algún tipo de sanción.
Todo ello aderezado de unos golpes en el pecho alegando su condena a la Dictadura, su respeto a la libertad y a la Democracia…. que si se extendiera a todo el PP podríamos considerarnos afortunados.
Pero no cuestionan que exista legalmente esta Fundación o que reciba subvenciones. Se limitan a desviar la atención aludiendo al presunto apoyo de algunos a otros dictadores o a otros regímenes totalitarios o autoritarios. Sin embargo, eso sería tema de otro artículo. Ahora el debate está en si el PP consiente, autoriza, condena, sanciona, culpabiliza,… que dirigentes de su formación exalten la figura de un personaje que tiñó de negro ( y de rojo) la vida de sus compatriotas. Y no fue un acontecimiento puntual. El sufrimiento y la tragedia duró casi 4 décadas. Y los vestigios continúan. No los entronicemos, ensalcemos ni nos vanagloriemos de ellos. Bajo la mirada escrutadora de la Historia es donde deberían estar.




martes, 20 de diciembre de 2016

GUERRAS


Esta semana he acudido a una concentración de protesta contra la guerra en Siria. Cuando caminaba por el centro de la ciudad en dirección a la plaza, lugar donde comenzaba el acto, me encontré con multitudes de personas, unas simplemente paseando, otras volviendo de sus trabajos o realizando actividades laborales.
Sin embargo, cuando llegué al punto de encuentro, me di de bruces con la realidad: apenas unas decenas de personas seguían el llamamiento entusiasta de un movimiento ciudadano que se había movilizado por una causa que entendían justa.
Volvamos a tirar de tópicos, cuando decimos que vivimos en una sociedad insensibilizada. Que las tragedias apenas nos conmueven. Que pasan a nuestro lado pero que seguimos teniendo otras prioridades….
En estas divagaciones andaba con algunos de los asistentes, cuando caí en la cuenta de la importancia de que se sigan celebrando acciones de este calado. Y más en una cultura de redes como en la que nos desenvolvemos.
Es fundamental la presencia física ( sin la cual la acción no existe) pero no lo es menos la divulgación. Hoy se está en la red. Se vive dentro. A los pocos segundos circulaba un vídeo con la reivindicación. Habíamos pasado de ser unos pocos apasionados por las cuestiones sociales a ser centenares, pronto miles, de seguidores que pudieron comprobar como, en una ciudad de provincias, se protestaba contra la guerra.
Algo similar nos sucede con la mayoría de los actos culturales que se desarrollan. Ya no se hacen para los asistentes físicos, sino para los virtuales. Para aquellos que están dejando de consumir televisión o prensa escrita y siguen las noticias, se divierten, escuchan música…. a través de internet.
Por eso mi acalorada felicitación a los organizadores. Sin el inicio de la acción no se puede llegar a la difusión. Hay, por consiguiente, que estar.