domingo, 17 de mayo de 2020

DEPENDENCIA


La escritora Eliane Brum utiliza una expresión con la que estoy muy de acuerdo: el acercamiento social con aislamiento físico puede enseñarnos que dependemos unos de otros.
Sin ánimo de ser redundante, durante estos últimos meses hemos repetido una y otra vez una serie de valores de los que, entendemos, estamos aprendiendo, y a la vez, aplaudiendo, que nos deja la terrible experiencia vital a la que asistimos con motivo de la pandemia.
El hecho de estar confinados, de tener limitaciones muy serias con respecto a nuestra libertad de movimientos y de relaciones sociales y laborales, ha permitido despertar en nosotros otro tipo de actitudes que, en realidad, no debieron ser nunca flor de un día.
El preocuparnos por los más débiles, el intensificar redes de cooperación como las que se han organizado espléndidamente en nuestras ciudades, viene a significar que, ni siquiera lo que, en otros artículos hemos dado en denominar “soledad voluntaria”, es una opción.
 Frente al liberalismo individualista preocupado por teorías darwinistas de la supervivencia de los más fuertes, contraponemos las doctrinas socialdemócratas, en las que la intervención del Estado, de lo colectivo, de lo público, hacen conjugar la complementariedad entre libertad e igualdad.
Así pues, dependencia como sinónimo de necesidad. De proximidad, De cercanía. De empatía. En definitiva, de conocimiento de los demás.
Una nueva forma de vida nos espera, al menos a medio plazo. Sepamos compartir el respeto por las normas que entre todos hemos contribuido a elaborar, con la preeminencia de nuestros gustos, inquietudes, deseos…
El tiempo nos dirá que con la fuerza de la costumbre, la adaptación a una sociedad en perpetuo cambio y el impulso por salir adelante, tendremos un nuevo marco en el que, paulatinamente, celebraremos cada conquista arrebatada al cierre de expectativas, como un agradable resurgir dejando atrás la peor de nuestras pesadillas.




domingo, 10 de mayo de 2020

ERRORES


Es sano en Democracia que se pongan de relieve los errores cuando los hubiere. Te sirve para rectificar y mejora el rendimiento de la gestión. Del mismo modo, debería ser comprensible, por los que sólo se preocupan de realizar críticas, escuchar la explicaciones de lo que se hace, como es obligación, correcto.
No vale incendiar con los ataques y luego replegarse sin esperar la respuesta. De hecho, a los que viven dentro de la crítica hasta mimetizarse con ella, no les vale, ni siquiera, la asunción de responsabilidades o la aceptación de que las cosas pueden evolucionar de una forma más positiva.
Lo único que les interesa es denigrar. Sólo hace falta tener un poco de paciencia y escuchar algunos debates parlamentarios. No merece la pena, entonces, perder el tiempo, ahora que tan necesaria es la acción. Es preferible dedicarlo a la defensa de los intereses generales, que tanto nos lo están demandando. En lugar de atacar y atacar, defender y defender.
El papel del Gobierno es complicado: unos te piden medidas y otros te ruegan que no las hagas. Por esa razón, como señala en muchas ocasiones Guillermo Fernández Vara, “gobernar es gestionar prioridades”. Ponernos en manos de las gentes que saben, no de las que creen y opinan. Y precisamente, como diría el filósofo Emilio Lledó, la imagen diaria que da la cara sobre lo que se debe hacer y las motiva, el Doctor Fernando Simón, no es un inexperimentado.
Por último, y dentro de la estrategia de la confusión y de la utilización de determinados sectores por parte de gente interesada en derruir el sistema, los psicólogos comentan que debemos mantener la atención y no olvidarnos de los colectivos que más están sufriendo la presión de la crisis y con los que en estos momento nos estamos volcando (sanitarios, policías, cajeras y reponedores de supermercados, transportistas, profesores…) ya que a medida que pasa el tiempo podría decaer este sentimiento de gratitud.
Creo que no hace falta esperar mucho. Solamente es preciso comprobar cómo han sido tratados por algunos gobiernos autonómicos los nuevos contratados para hacer frente a la pandemia y veremos el respaldo real hacia la necesidad de tener un sistema público y un Estado fuerte que lo respalde. Errores.

n﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ñala en muchas ocasiones Guillermo Feren medidas y otros te ruegan qu eno No merece la pena, entonces, perder el tiemp


domingo, 3 de mayo de 2020

MASCARILLLAS Y FRONTERA


Señalaba el escritor Paul Preciado que la nueva frontera es la mascarilla. Tiene razón, si escuchamos las declaraciones extremadamente populistas de algunos dirigentes cuando reclaman priorizar las atenciones a los afectados por el coronavirus en  los entornos microscópicos en los que se desenvuelven.
Y no me voy a referir ni a las mascarillas quirúrgicas, ni a las FFP1, 2 ó 3. Hay otras que ponen barreras mucho peores.
Ya lo ha avisado el Presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara: más nos vale que miremos a África. Más nos vale que nos preocupemos por la contención de la pandemia en aquellos lugares que tienen innumerables problemas para aminorar sus efectos.
El virus no tiene fronteras y por muchos medios físicos que se pongan no vamos a estar exentos de convivir con él si no somos conscientes de que existe un arma todavía mucho más letal: el desprecio al semejante.
Aquellas imágenes de miles de personas moribundas por hambrunas, por guerras. Aquellas fotografías de niños muertos en las playas de occidente tratando de huir de una pesadilla. Aquellas imágenes de los nuevos campos de concentración que son los espacios dedicados a los eufemísticamente llamados refugiados. No pueden repetirse ahora con la propagación, no sólo sin control, sino multiplicando su expansión en zonas desfavorecidas.
Así pues, esa mascarilla que nos  colocamos, no la física, la mental, para exhibir nuestra diferencia, tiene necesariamente que hacernos reflexionar sobre valores como la igualdad de oportunidades, que obviamente no se cumplen pero que en nuestras manos está el contribuir a paliar.
La cooperación siempre ha sido un pilar elemental, me atrevería a decir que, más allá de las sociedades,  de las gentes de bien. No conoce distancias sociales. Las necesidades están desde al lado de tu casa, en la puerta de un cajero de un banco alemán donde agoniza un indigente hasta en el centro del África subsahariana.
Por eso, vayamos más allá de lo que tapa la mascarilla. Recordemos el papel de los Estados, de lo público, de la intervención y regulación en los asuntos generales. Las libertades también consisten en eso: en la posibilidad de poder vivir con dignidad y no estar sometidos a la pesadumbre de estar siempre pendientes de saltear calamidades.
No, la nueva frontera, no debe y no va a ser la mascarilla.


domingo, 26 de abril de 2020

RECAPITULAR


Dentro de unos meses estaremos en la obligación de recordar y, sobre todo, de recapitular todas y cada una de las acciones que se han venido desarrollando durante esta crisis en nuestros pueblos y ciudades. Nos impele a ello lo que deberíamos denominar humanización de la tragedia.
Serán momentos dónde comprobaremos la  importancia que tiene la confianza. Valoraremos entonces la diferencia que hay entre el ruido y la calma que es lo que hace que progresemos y evolucionemos con continuidad.
Y es que la colaboración entre científicos y políticos, como han precisado los profesores Fernando G.Benavides y Miguel Porta en un acertado trabajo, nos va a llevar no sólo a definir la salida y las líneas de actuación con más acierto, sino a la vez a evitar interferencias interesadas, populistas, extremistas, alarmistas o, en definitiva, más proclives a poner el acento en otras cuestiones que en la mera sanitaria y sus consecuencias económicas y sociales.
Algunos se han obsesionado con verter veneno en las redes ( aunque no venga a cuenta), con discursos siempre negativos y preparados que se escupen, una y otra vez, sin detenerse un segundo a leer lo que se replica.
Por eso, quisiera además insistir, al hilo de lo que escuché hace unos días al expresidente de Uruguay, Pepe Mújica, que esta crisis nos está trayendo cosas buenas como la generosidad.  Y yo le añado, también la comunicación.
Estos factores serán elementos que los historiadores tendrán en cuenta en un futuro próximo. Cuando se reconstruya el devenir de estas semanas veremos quiénes han colaborado para hacer la vida más fácil en estos tremendos momentos.
Rescataremos y pondremos en valor la disponibilidad de miles de personas que, unos volcados en su trabajo, otros involucrados en actividades solidarias y la mayoría empeñados en contactar con sus semejantes ( sean o no familia, sean o no amigos, sean o no compañeros de trabajo).
No perderemos ni un instante en señalar el reverso: aquellos que aprovechan las crisis para sacar otro tipo de réditos. Aquellos que se especializan en odiar. Aquellos que se empeñan en buscar las diferencias. Aquellos, a la postre, que únicamente ponen el acento en el complejo de la pérdida del Poder.
Por eso, será tan necesaria, la recapitulación.


lunes, 13 de abril de 2020

ESTRAGADOS


Hartos, cansados, estragados, en definitiva, nos encontramos ante situaciones que provocan o que incitan a polemizar. Los que me conocen saben que, en momentos como los que vivimos,  suelo expresarme así: “ nosotros a lo nuestro”.
¿Qué es lo nuestro ahora?: hacer el trabajo que dentro de nuestras responsabilidades, o de las posibilidades de cada uno, nos exige la coyuntura que nos rodea. Y más si somos cargos públicos.
Lo otro es distraerse: alegrar a los que desean dar “caña” al contrario y cabrear al que no le gusta que combatas sus opiniones. Por muy malvadas que sean muchas pretensiones ( ahora llamadas bulos o fake news), prefiero centrarme en la acción. La disertación ya llegará en el momento y sitio oportuno.
Eso no significa que podamos establecer un argumentario, que aliñado con hechos, haga más creíble lo que ahora se denomina el relato.
Pongamos algunos ejemplos. ¿Se puede asumir que se ha llegado tarde y responder que se desconocía el brutal alcance que iba a tener la pandemia?
En este caso, los hechos nos demuestran que nadie, pudo prever la dimensión de lo que nos esperaban. Los que a posteriori pontifican en las redes, no dejaron en la primera semana de marzo de ir al cine, de salir a pasear o  hacer deporte, de poblar las terrazas de las plazas públicas, de tomarse una cerveza o un refresco en un bar atestado de gente, de ir al fútbol, al baloncesto, al teatro o a un concierto… Incluso a una manifestación (es más, al contrario, se dirigieron a mi algunos responsables de partidos conservadores para comentar su satisfacción y alegría porque hubiese tanta gente en un día tan bonito y soleado…).
No conozco, ni siquiera a alguien de derechas, por cierto, con muchos coincidí en un acto cerrado y masivo el 9 de marzo, que estuviera forzado o que manifestara su contrariedad por estar en ese sitio.  Estaban, estábamos, encantados, sonrientes, dando besos y abrazos.
Hoy no vale criticar que por qué no se prohibieron estas actividades : ¿ por qué fuisteis entonces?, ¿sólo por responsabilidad?. No parecía veros muy incómodos.
Estragados, cansados, de tanta manera de utilizar el lenguaje para demostrar lo que no saben.