Al igual que si fuese un palimpsesto, nos encontramos habitualmente con muchas tertulias y tertulianos donde los interlocutores se pronuncian sobre todo tipo de temas añadiendo, matizando o simplemente reproduciendo elementos o lugares comunes definidos con anterioridad.
Ya Benito Pérez Galdós nos retrataba magistralmente las tertulias de los cafés en las que se ejercían profusamente críticas acerca de todo lo que les rodeaba a través de las opiniones y encuentros entre políticos o personas del mismo o diferente partido.
Hoy mismo el escenario es similar solo que ha cambiado el sitio físico. Ya apenas existen estos lugares míticos que eran los conocidos cafés que aparecen frecuentemente retratados en libros y películas de época. En la actualidad los debates se producen, fundamentalmente en los medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales.
Se detecta, por consiguiente, que prima lo virtual y si se degenera (como también es frecuente), nos encontramos con los bulos.
Así se juega, con peligro, con los denominados “memes” que llegan al extremo de poner en cuestión asuntos tan delicados como la salud (véase la noticia de las “ratas nadadoras” y el hantavirus) o se hacen montajes con inteligencia artificial para denigrar, falsear, manipular… trayectorias políticas, profesionales o personales.
En este sentido, cabe apuntar lo sano que ha sido siempre el intercambio de ideas, de opiniones… Podría considerarse satisfactorio exponer los diferentes puntos de vista desde el respeto al adversario, al que piensa diferente o simplemente dejarte, si llega el caso, convencerte por el poder de persuasión o por el peso de los argumentos de los que exponen cuestiones con las que en principio podrías estar en desacuerdo.
En definitiva, habría que reivindicar el valor de las tertulias, como las que se realizaban muchas noches de verano al fresco de las calles de nuestros pueblos donde la gente se expresaba con total libertad y se podía debatir sin excesiva acritud. Como sucedía en muchos bares, farmacias, parques…
Por el contrario, tendremos que renunciar el estilo del palimpsesto que se dedica a reescribir, a aprovechar informaciones previas sin aportar o incluso, como insistíamos anteriormente, a falsear realidades. Si es bueno contar con la experiencia previa, no lo es tanto difundir opiniones como verdades absolutas sin reconocer las fuentes oficiales u objetivas.
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