domingo, 10 de mayo de 2026

CERRAR PUERTAS

 


Decía Antonio Gramsci que había que cerrar las puertas a todos aquellos que desde su experiencia de trabajo no estuvieran acostumbrados al ejercicio de la responsabilidad y sobre todo que no se cierres aquellas puertas que luego no puedas abrir.

Recientemente se ha producido la reivindicación anual del 1º de mayo en torno al mundo de los trabajadores. Y ha sido el momento elegido para que una legión de personajes, con el único afán de deslegitimar la lucha de los sindicatos, hayan salido en tromba para desprestigiar su labor.

Se les olvida que durante más de 100 años y en condiciones, muchas veces sumamente difíciles, han sido sus militantes con la orientación de sus dirigentes los que han logrado conseguir sustanciales mejoras en las condiciones de vida de las que disfrutamos todos ( incluso los que les critican).

Tratan de empañar su actividad alegando comportamientos nocivos que, por cierto, se producen en todas las organizaciones sociales. Sin embargo, no estamos aquí para juzgar determinadas conductas ( que denunciamos) sino para valorar la aportación de este tipo de organizaciones, junto con las políticas y culturales en nuestro devenir cotidiano.

No hace falta recordar a quiénes les debemos las vacaciones pagadas, la reducción de la jornada laboral, la actualización de los salarios, la asistencia médica, los seguros de desempleo, el ingreso mínimo vital, las negociaciones colectivas en cada uno de los sectores económicos: fábricas, educación, sanidad, empresas…

Aún así, te encuentras con gente que todavía dice que no los necesitamos. Que ellos por sí mismo se buscan la vida. Que con sus impuestos no quieren que se justifique la dedicación de estos trabajadores…

Y en el colmo de la ignorancia aluden, sin conocimiento alguno de causa a la supuesta inacción. A mi no me cabe la menor duda de que, al menos en  muchos individuos de mi entorno, se puede afirmar que es todo lo contrario: la mayoría de los liberados sindicales dedican muchísimo más tiempo a estas tareas que si estuviesen trabajando en sus trabajos de origen.

Así pues, llama la atención este interesado objetivo de anular o destruir el prestigio ganado, incluso con la pérdida de miles de vidas, de aquellos que deciden complicarse su existencia dedicándose al servicio de los demás.

No valen excusas puntuales de malos comportamientos. Lo que si es cierto es que sin ellos y su actividad echaríamos en falta buena parte de las conquistas sociales de las que hoy nos beneficiamos y que todas ellas tienen un por qué.

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