domingo, 21 de enero de 2024
Deber de Memoria
Señalaba el filósofo Reyes Mate en un artículo, del que prácticamente plagiamos el título, que el deber de Memoria nos exige reflexionar sobre la Historia política que nos llevó a la catástrofe, así como sobre la influencia de los nacionalismos. En nuestro caso, a la denominada últimamente “ guerra de España”.
Esta es una de las razones, por las que instituciones, como la Diputación de Cáceres, se vuelcan en rescatar del olvido y en concienciar sobre la importancia de la Memoria Histórica y Democrática. Y lo va a poner en marcha, a través de proyectos con la Universidad de Extremadura, implicándose en la educación, en la actuación en museos y en actividades interdisciplinares, como pueden ser la música, la literatura, el arte..
En el lado opuesto, nos encontramos con la indigencia intelectual de una derecha regional que sigue insistiendo en no comprender conceptos tan bien definidos en la Ley autonómica actual, como es la definición de víctima.
Posiblemente quieran derogar esta norma que nació, no sólo del consenso, sino del esfuerzo conjunto entre las Asociaciones, la Universidad y la Administración. Y lo justifican bajo preceptos falsos, como ya hemos comentado. Sería más comprensible, a mi juicio, explicar que lo van a hacer porque desean elaborar una nueva Ley más acorde con su ideología y que por consiguiente, es posible que esté muy alejada de lo que supuso la lucha por la Democracia y que, por lo tanto, se convierta en una Ley un tanto respetuosa con la Dictadura franquista, sus torturadores y asesinos ( dado que como ya han apuntado se pretende buscar la equidistancia, a lo que añadimos nosotros, ficticia: como se ha reiterado multitud de veces: no se puede equiparar a víctimas y verdugos).
Sin embargo, y con el ánimo de ser positivos, aunque poco crédulos, animo a la Junta de Extremadura a continuar las actuaciones de Memoria Histórica, como las exhumaciones que anunció recientemente la Directora General en la Comisión de Cultura y a colaborar con otras instituciones ( como el Estado, la Universidad o las Diputaciones).
Pero, más bien, tal como se ha expresado la propia Consejera, están presentando una despedida de estas iniciativas: hasta ahora había una preocupación por recuperar y dignificar. Veremos a ver qué pasa con la prevista Ley llamada de Concordia que, en principio, cuenta con la oposición manifestada por el movimiento memorialista.
Esa unilateralidad debería hacernos pensar, como aludíamos al principio de la columna, en la reflexión que nos llevó a la catástrofe. Ejemplos como las miles de sentencias extremeñas de condenados por la Dictadura que se custodian en los Archivos Históricos Militares son una prueba más.
En definitiva, si alguien pretende dignificar a las víctimas franquistas, que se pregunte, si acaso no lo han estado ya durante más de 40 años de Dictadura. Que se pregunten si acaso existe alguna en Extremadura en una fosa, mina o cuneta. Y si fuese así, que se las saque, como se hace con las víctimas de la represión franquista. Pero para eso no hace falta una nueva Ley.
domingo, 14 de enero de 2024
Jubilar las ideas
Voy conociendo a mucha gente que me traslada su decisión ( a veces obligación) de jubilarse. Son mayoritariamente personas que han mantenido una vida tremendamente activa y que, en buena parte de los casos, se mantienen en una excepcional forma, tanto física como mental.
Algunos te trasladan sus primeras intenciones en estos momentos de paso a una nueva actividad. Y digo bien, una nueva actividad, porque, tras escucharles unos minutos, te despliegan una inmensa batería de acciones, que posiblemente dejarían sin fuerzas a muchos otros más jóvenes.
En efecto, se suele abrir un amplio panorama para poner en marcha o profundizar en iniciativas que anteriormente, ya sea por obligaciones laborales, ya sea por multitud de otras prioridades, se iban dejando para otro momento.
Sin embargo, hoy pretendía fundamentalmente hablar de las ideas. Cierto es, que algunos de los que han mantenido un protagonismo en la defensa o en el impulso de actuaciones relacionadas, bien con la ideología que habían mantenido durante muchas décadas, bien con las ideas relacionadas con ésta, muestran un deseo de buscar otro tipo de objetivos.
Pero, no lo es menos, que cada vez es más frecuente, coincidir con individuos que se mantienen más que firmes, militantes, en la consecución de las líneas que han guiado sus vidas.
Por eso, creo que nadie debería jubilarse de sus ideas. Pasa el tiempo, tenemos otros compromisos, incluso conocemos a otros tipos de personas muy diferentes a las que habitualmente nos rodean. Y la añoranza por evaluar los cambios acontecidos con nuestras aportaciones nos vuelven a llenar de optimismo en unos casos, de esperanza en otros y en muchas ocasiones de ganas por pelear, por luchar e intentar llevar a cabo los propósitos que completan los esquemas mentales que han predominado en los debates mantenidos.
También es cierto que han aumentado los segmentos de población que, ya sea por voluntad propia, ya sea por exigencias de sus empresas, pasan a esta nueva etapa quizás antes de lo previsto.
A ello se le suma, no solo el aumento de la esperanza de vida, sino fundamentalmente su calidad. De esta forma, tenemos ante nuestros ojos un elevado número de personas con un amplio horizonte para hacer cosas o contribuir a que otros las mejoren. Así, sí que no se pueden jubilar las ideas.
domingo, 7 de enero de 2024
¿OLVIDAR O ASUMIR?
Se cuestionaba el psiquiatra Carlos Castilla del Pino si de cara al futuro que era lo mejor: olvidar el pasado o asumirlo. Era como un intento de visión neutra que amnistiaría el franquismo para luego historiarlo.
Es lo mismo que hemos venido escuchando por parte de algunos de los protagonistas de la Transición: fueron momentos en los que la máxima a seguir era la búsqueda de consensos, fundamentalmente porque vivieron rodeados de una cuerda muy, muy floja tratando de evitar luchas cainitas. Otros intelectuales lo definieron de manera mucho más acelerada: “ por si…”
La realidad de España había hecho que el desarrollo económico y social de nuestro país a partir de los años 60 facilitase el acceso a la democracia. Por eso fue muy importante el papel de la sociedad civil ( a veces minusvalorado frente a la omnipresencia de los políticos).
El sociólogo y profesor de ciencia política Juan José Linz insistía en no obviar que estamos ante un régimen autoritario en el que es muy importante el papel desempeñado por el dictador y en el que el pluralismo político estaba muy limitado ( solamente a los partidos y asociaciones afines al Régimen)
El historiador Charles Powell, haciendo un juego de palabras, recordaba que más que una dictadura militar era la dictadura de un militar. No olvidemos que el origen de su poder ( ya lo hemos comentado en otras columnas de opinión) viene de la tradición de golpes o pronunciamientos militares habidos en España durante el siglo XIX, ya sea por iniciativas o propuestas civiles, ya sea a instancias del propio estamento de una parte del Ejército.
Estamos, por consiguiente, ante un tema muy recurrente no solo para los asuntos relacionados con la Memoria, sino también con los de la más candente actualidad y siempre desde la libertad que da ejercer la opinión, a la vez que se trata de argumentar, con razonamientos lógicos, los posicionamientos.
En un proceso en el que, desde determinados sectores, nos piden que dejemos atrás lo que de manera casi despectiva vienen a denominar “ la guerra de los abuelos” se obvia que partiendo de la importancia del análisis de los hechos, lo que viene a resultar imprescindible es la profundización tanto en las causas como en las consecuencias de los acontecimientos.
Se nos llena la palabra de conceptos como Democracia o Libertad y si somos consecuentes y coherente con lo que predicamos, deberíamos dotar de contenido a nuestras manifestaciones. Ambos derechos no han venido por sí solos, son el resultado de un largo, y en muchas ocasiones, doloroso, camino de encuentros y desencuentros. Estamos obligados a conocerlos. No demos la oportunidad a la digresión que incluya olvidar y asumir.
martes, 2 de enero de 2024
PALABRAS
En estos días en los que con todos los que nos encontramos compartimos buenos deseos y manifestamos nuevos propósitos, resulta llamativo escuchar a algunos dirigentes de la derecha una petición rodeada de enorme solemnidad: pedir la unidad de todos los extremeños para reivindicar cambios de variada índole ( económicos, culturales, educativos, sanitarios o sociales).
Para, a continuación, señalar que la culpa de la gestión que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos es de los socialistas. Se trata, sin duda, de un intento fallido a la hora de buscar consensos.
Así, nunca podrán lograr la unanimidad de los esfuerzos. Para eso, mejor decir que las cosas se van a hacer pese a que buena parte de la sociedad esté en contra ( porque para eso tenemos mayoría…).
Incluso, en ocasiones, aunque sean una minoría los afectados y sea terriblemente injusta la decisión tomada ( y encima no beneficie a mucha gente) sólo se busca destruir lo anterior ( lo que se viene denominando “ la herencia”).
De esta forma, y volviendo a terminología actual, en ese afán de ganar “ la batalla por el relato”, Directores Generales, portavoces parlamentarios, líderes de las derechas…, siguen insistiendo en que hay que remar en la misma dirección, en búsqueda de la igualdad y con una única voz. Pero no tiene sentido. Son únicamente palabras.
Es algo parecido a lo que sucede con la extrema derecha extremeña, que reniegan de sus orígenes y piden que no se les ponga el calificativo de “extrema” ( si bien también pasa entre algunos socialistas cuando han buscado eufemismos para no ser identificados como personas de izquierdas). Complejos de identidad.
Lo que no es menos cierto es que la derecha, con la Presidenta de la Comunidad a la cabeza, comenzó la nueva etapa política tras las elecciones de mayo faltando a su palabra. Así continua y nos tememos que así terminará esta infausta legislatura.
Vox, para ella, ironías de la vida, es ahora un socio fiable.
Por consiguiente sería bueno que a la hora de hacer balance de estos primeros 6 meses nos centremos en comparar en qué hemos cambiado. Cojamos cada departamento, área o consejería y analicemos si estamos mejor o hemos retrocedido. Abandonemos el discurso y mostremos los datos.
Aunque para la ciudadanía le puede resultar enormemente confuso ver cómo ante un mismo tema se ofrecen perspectivas muy diferentes. Quizás sería bueno, aquí también. un mediador que pudiera mostrarnos la verosimilitud de las afirmaciones, muchas de ellas contradictorias que se lanzan unos y otros.
Que el nuevo año nos ilumine.
domingo, 17 de diciembre de 2023
ESTULTICIA
Todavía recuerdo cuando Francis Fukuyama anunció la teoría ( luego desmontada) del fin de la Historia y, más adelante, como desde los sectores más conservadores de la intelectualidad trataron de imponer la propuesta de que vivimos en momentos de tal desideologización. Intentos en los que se pretenden borrar las barreras entre la derecha y la izquierda ( algo, por cierto, poco original: que se acuerden los más mayores cuando Franco aconsejaba a sus “súbditos” no meterse en política).
Por eso, me parece interesante insistir, precisamente analizando pormenorizadamente los acontecimientos de la más candente actualidad, que, siguiendo al profesor Paul Auster, existen claras líneas divisorias entre la izquierda y la derecha.
Entre otras, la siempre pregonada supremacía de las élites por parte de la derecha frente al anhelo de igualdad que persigue la izquierda.
El ansía de progreso, de constante cambio o transformación, llamémosle si queremos evolución, que está detrás de todos los programas de la izquierda. En frente, la reacción, el conservadurismo, el estarnos quietos o el inmovilismo que suele caracterizar a la mayoría de las proclamas de la derecha a lo largo del tiempo.
Si hacemos un recorrido histórico, al menos desde el siglo XIX, lo que mejor define a las posiciones de izquierdas es la Democracia, mientras que las derechas han estado presentes en buena parte de los posicionamientos más autoritarios. Es más, les ha costado ( y mucho en ocasiones) aceptar el parlamentarismo).
Por eso no es ninguna tontería, ni necedad, insistir en que, dentro de lo legítimo que puede resultar mantener y defender una ideología, sí que existen hoy en día muchas diferencias entre la izquierda y la derecha.
Los más modernos tratadistas hablan de modelos. Y tienen razón. Es evidente que escrutando las políticas llevadas a cabo desde los gobiernos, al margen de intentar poner orden a la hora de llevar a cabo las líneas programáticas anunciadas antes de una convocatoria electoral, o las subsiguientes a un pacto con fuerzas políticas similares, se intentan desarrollar actuaciomes impregnadas de ideología.
Por consiguiente, queda claro que no es lo mismo una política fiscal que exime del pago a las rentas más altas, que otra que prima que paguen menos impuestos los que tienen menor renta disponible.
No es lo mismo avanzar en la universalización de beneficios para todos en educación, sanidad o dependencia que aquellos que propugnan que el que “lo quiera lo pague”.
No es lo mismo la solidaridad con los más desfavorecidos, vengan de donde vengan, que aquellos que consideran los gastos en cooperación superfluos.
No es lo mismo eliminar las iniciativas que reivindican los valores democráticos, que inventar nuevas normas que profundicen en supuestos agravios.
Sí, claro que siguen existiendo diferencias ideológicas. Si, claro que sigue existiendo la derecha y la izquierda.
domingo, 10 de diciembre de 2023
PRONUNCIAMIENTOS
A lo largo del siglo XIX hubo numerosos pronunciamientos en España. Era una época donde resultaba misión casi imposible descabalgar al Partido que ostentaba el Gobierno y, por lo tanto, el Poder para regir los destinos de la Nación. Así nos lo manifiestan, de manera mucho mas profunda, los trabajos relacionados con Extremadura de los profesores Miguel Ángel Naranjo Sanguino, Juan Antonio Matador de Matos y Manuel Roso Díaz.
El clientelismo, el sufragio censitario, que hacía que participase una ínfima minoría de la población en las elecciones, así como las diversas corruptelas, contribuían a ello.
El procedimiento era siempre el mismo: una primera trama civil ( organizada por los opositores políticos al gobierno a derrocar) preparaba el terreno. Luego los militares se “ pronunciaban” y a partir de ahí, el éxito estaba condicionado, en gran medida, por el apoyo de las masas.
Todo esto fue decayendo a partir de la Restauración. Pero, lamentablemente, sabemos, por experiencia de nuestra reciente historia, que estos intentos de subvertir las más elementales normas de la convivencia en democracia, no desaparecieron.
En la actualidad, sectores de la extrema derecha y nostálgicos del antiguo régimen, apelan, por todos los medios, a desalojar del Gobierno a aquellos que están legitimados para ocuparlo, de acuerdo con los resultados de las últimas elecciones generales y, sobre todo, de la coordinación para hacer valer que es posible el acuerdo entre fuerzas políticas de ideologías diversas.
Por lo que escuchamos en sus manifestaciones, parecen tener prisas y no querer esperar nuevas convocatorias del sufragio.
Así no. Ante todo impulsemos y divulguemos los valores democráticos. La mejor alternancia está en el convencimiento ciudadano de que se puede mejorar la vida de la gente ( o premiar a los que lo estén haciendo).
Algo que da la sensación de que no entienden desde el PP. Acabamos de verlo en ejemplos como su entrega a VOX reduciendo el presupuesto en Extremadura para la cooperación internacional y justificándolo al considerar que es un gasto supérfluo.
. De vez en cuando teatralizan los desencuentros haciendo alegatos de enfado en los medios de comunicación. Pero a la hora de la verdad, lo que priman son los intereses por mantener determinadas parcelas y posibilidad de decisión que tanto les ha costado conseguir.
En definitiva, son fieles a su ideología ( algo respetable y comprensible), sin embargo, no son capaces de mirar más allá del sofá de su despacho donde siguen dormitando
domingo, 3 de diciembre de 2023
HÁBITOS
Cuando se comienza un nuevo periodo estacional, ya sea tras las vacaciones de verano, ya sea a comienzos de año, se suele producir un catálogo de buenas intenciones con cambios en las formas de vida que, en muchas ocasiones, difícilmente se consolidan.
También sucede tras experiencias traumáticas o simplemente cuando uno toma la firme decisión de dar un vuelco a sus rutinas.
Hay a quien le sucede a partir de una cierta edad, como muy bien reflejan algunas películas y libros, en los que los protagonistas reflexionan sobre lo vivido y fundamentalmente sobre lo que les queda: retos, objetivos cumplidos, satisfacciones e insatisfacciones…
Pero lo que si es determinante y que yo suelo observar en lo que me rodea ( especialmente en el ámbito deportivo), es el hecho de la frecuencia en la que un cambio permanente en un hábito en su vida ha hecho que el resto venga a continuación.
Estamos hablando, por ejemplo, de la práctica deportiva, desde el momento en el que vemos en nuestras calles y parques a miles de mujeres y hombres corriendo, o por ejemplo animándose a participar en pruebas populares. En ellas se conjuga y se hace evidente la mejora de la salud con la alegría de, en determinados casos, conocer a más gente, viajar y hacer turismo deportivo y sobre todo, sumar multitud de anécdotas que llenan de júbilo sus horas.
Sin olvidar el hecho de que estos cambios han permitido dejar atrás otros excesos en el consumo, a modo de muestra, de alcohol y tabaco.
La mejora del descanso y la alimentación más sana y equilibrada les llena de energía y permite que el sobresfuerzo físico se haga más llevadero.
Sin embargo, no todo son instantes de felicidad. También me he encontrado auténticas obsesiones por el ejercicio físico. Cambios radicales que bloquean y hacen perder muchas conquistas de una vida cotidiana compartida.
Riesgos incluso para la salud en aquellos que, repentinamente, creen que han encontrado el elixir de la eterna juventud. Momentáneamente pretenden tener 30 años menos y se lanzan al abismo cual si fueran atletas de élite.
En estos casos, necesariamente, los cambios de hábito han de ser paulatinos. No es lo mismo alguien que llevan varias décadas realizando actividad física, ya sea moderada o con más intensidad, que aquellos que tras una vida de intervalos en sus formas de comportamiento, se atreven con todo sin la más mínima prudencia.
Que la serenidad predomine en un cambio que, bien llevado, te va a traer multitud de buenos momentos. Como la cara de alegría que se te pone al alcanzar una meta o tras un duro entrenamiento. Te lo has ganado.
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