domingo, 10 de octubre de 2021
JUSTICIA EQUITATIVA
Leyendo a mi siempre admirado, el profesor Enrique Moradiellos, sacó una conclusión que, al margen de las diferencias entre la manera de entender la Memoria y la Historia ( y en las que también podemos coincidir), me sirve para actualizar temas no meramente referidos a la represión durante y después de la guerra civil que padeció España entre 1936 y 1939.
Quisiera hacer hincapié en el concepto de justicia equitativa. Ahora que vuelve a resurgir, con el debate de la nueva Ley de Memoria Histórica, la necesidad de que las exhumaciones de fosas sean una política de Estado, es preciso insistir en que no es meramente parte de un relato. Hubo parcialidad en su momento para honrar a determinadas víctimas. Para silenciar su destino. Para evitar incluso que se haga público su funesto final.
Para los que desconozcan el procedimiento, existió la denominada Causa Nacional, que recogió todas las muertes acontecidas en el bando franquista. Las honró. Recuperó sus restos. Y fueron objeto de todo tipo de homenajes y exaltación pública durante varias décadas.
Sin embargo, las familias de los caídos en el llamado bando republicano no tuvieron esa oportunidad. Incluso en muchas ocasiones no pudieron ni siquiera señalar que habían fallecido sus personas más queridas. Estaba negado reconocer el derecho a su Memoria. Prácticamente se anulaba su existencia. Por eso nos referimos a que no hubo una justicia equitativa.
Y además porque para avanzar como sociedad en todos los ámbitos ( y podemos aplicarlos a otros momentos, a otras circunstancias, a otros asuntos), es preciso que seamos capaces de condenar los excesos propios.
La función de la Historia es contar la Verdad. La justificación, la interpretación, la simulación de hechos, es propio de otras disciplinas.
A veces nos puede la ideología. Pero lo honesto, lo profesional, es conseguir que las experiencias pasadas, por muy traumáticas que puedan resultarnos desde el punto de vista emocional, sean narradas, para así poder trascender. Siempre se ha aludido a la función magistral de la Historia. Sin embargo, a la hora de la verdad, nos encontramos con algunos supuestos historiadores que confunden su actividad con la de un propagandista, en el mejor de los casos, cuando no un simple fabulador que trata de impartir doctrina, de fabular ( que no revisionar, ese es otro debate que excede el espacio de este artículo), en lugar de mostrar hechos.
No podemos, como ya han citado otros autores, jugar con el silencio.
domingo, 3 de octubre de 2021
PREDECIBILIDAD
Todos conocemos a personas que utilizan argumentos que según nos los van comentando sabemos dónde nos van a conducir.
Asimismo, por mor de la repetición, nos percatamos que la credibilidad del emisor se conjuga con la del mensaje. Es decir, vemos en las redes sociales, escuchamos conversaciones, incluso llegamos a leerlos tanto en soportes digitales como en papel, y cada vez con más frecuencia, nos sucede como con un mal libro, una aburrida película o una canción que no nos gusta: dejamos de prestar atención, cuando no cambiamos y desconectamos o nos ponemos a hacer cualquier otra cosa.
Es a lo que me refiero cuando aludo al concepto de predecibilidad. Habría que exigir algo más de esfuerzo a determinado interlocutores. Habría que pedirles que piensen en los demás. Que hay más vida alrededor de ese mundo imaginario que han construido.
Es cierto que somos consecuencias ( en algún otro artículo ya lo he mencionado) de nuestros actos. Y por esa misma razón, se podría deducir, que en muchas ocasiones ya sabemos donde van a conducir muchas de nuestras acciones.
El problema se deriva cuando uno trata de aparentar en el mejor de los casos, (cuando no se lo cree de verdad), que es algo que el resto no somos conscientes de ver. Algo parecido al cuento del rey que se paseaba desnudo…
Esta manera de simplificar que ocasiona el hecho de no ser capaces de profundizar en las tareas que emprendemos. De perseguir sólo mostrar y no insistir en el detalle. De creer que meramente con que se vislumbre que lo intentas o que lo enseñas ya no tienes más trabajo que hacer.
Por todo ello, es necesario equivocarnos. Corregirnos. Variar de rumbo cuando no es el correcto. Aprender de los demás.
Se es más sabio cuanto más caudal de información, de experiencias de vida logras hacer tuyo.
Nunca es tarde para un abrazo. Nunca es tarde para tender la mano incluso cuando pensabas que no iba a ser posible.
Permitamos que sea primero el análisis, el estudio sosegado de cada una de nuestras actuaciones. El contraste entre pros y contras. En definitiva, y como nos enseñaron en la Facultad: formular una síntesis a base de confrontar a sus contrarios o bien en función de resumir un conjunto de elementos.
domingo, 19 de septiembre de 2021
BEBÉS ROBADOS
Esta semana hemos aprobado y leído en el Pleno de la Asamblea de Extremadura una Declaración Institucional sobre los bebés robados. A algunos les puede parecer que estamos hablando de un tema que se hunde en un pasado muy remoto y del que parece que volvemos, una y otra vez, identificándolo con los “ viejos asuntos de la Dictadura franquista” y que por lo tanto, poco tienen que ver con la actual Democracia de la que disfrutamos.
Es verdad que el origen de estos crímenes fue el tráfico de niñas y niños que se inició en la década de los 40 del siglo XX, como medida de represión política, cuando a las mujeres republicanas les arrebataron sus hijos.
Del mismo modo es cierto, que lo que se inició como un método de represión, continuó como un lucrativo negocio. Los bebes se robaban para venderse.
Pero también es un craso error identificarlo solamente con esa tenebrosa época. Nos estamos refiriendo a un asunto, todavía irresuelto, con múltiples trabas para facilitar información y que, si bien es cierto, que se gestó amparado en las crueldades de poderes intocables en aquellos momentos del franquismo, no lo es menos, que continuó funcionando sin dificultades, varios años con una Transición en marcha y luego con una Democracia funcionando.
Siguen siendo muchas familias, como hemos recordado en varias ocasiones, las que manifiestan su confusión, cuando no su repulsa, al desconocer, en el mejor de los casos, el origen y/o el destino de sus familiares directos.
Han escuchado en sus casas, a veces han soportado el dolor de la duda, de la sospecha, del rumor de una hermana o una hija desaparecida, robada, entregada sin su consentimiento e incluso bajo su ignorancia.
En la actualidad en el Congreso de los Diputados está registrada una Proposición de Ley que tiene que conseguir afianzar los derechos de las víctimas, del pasado y del presente, de las que ya no están y de las que todavía buscan reencontrarse con sus familias o recuperar su identidad.
Y ese es nuestro objetivo, impulsar a los legisladores para que, ya que ha pasado tanto tiempo, no permanezca fuera de sus agendas, una cuestión por la que tantas Asociaciones, Partidos, colectivos sociales… han mostrado su acuerdo en buscarle una salida y en manifestar su apoyo.
Son numerosos los motivos, son numerosas las razones, por las que, una deuda más de esta Democracia con parte de su sociedad, deba ser saldada. Se lo seguimos debiendo. ¡Cuántas lágrimas derramadas! ¡Cuánto silencio!
domingo, 5 de septiembre de 2021
COMPROMISOS
Como todos los veranos, en realidad, como en cada lapso de tiempo que queramos medir, se suceden una serie de acontecimientos ante lo cuales se suelen producir, cuanto menos reacciones inmediatas, proyecciones de intenciones, denuncias o exaltaciones de ánimo que con el tiempo o se suavizan o se van diluyendo acaparados por nuevos titulares.
Pero de lo que nada cabe la menor duda es sobre la responsabilidad, no solamente de los servidores públicos, sino también de Asociaciones, colectivos y en muchas ocasiones de la ciudadanía en general.
Disfrutando de un tiempo mayoritariamente de descanso y como se tiende a precisar, de desconexión, sería propicio para que nos inhibiéramos, para que dejáramos las preocupaciones para nuestras vueltas a las rutinas o para que egoístamente pensemos en clave individual.
Sin embargo, no es lo que, afortunadamente ( siempre hay excepciones), se ha producido: hemos tenido catástrofes naturales, incendios, inundaciones, crisis internacionales como la de Afganistán, búsqueda de soluciones a los menores de los países vecinos del Sur que atravesaban nuestras fronteras… y ahí hemos procurado estar, atendiendo sus reivindicaciones, colmándonos de solidaridad, interesándonos por otras vidas muy diferentes a las nuestras, viendo en muchos rostros la imagen de gente que no ha tenido la fortuna de nacer donde nosotros. Comprometiéndonos.
Eso sí, muchos han huido de sus obligaciones ( ahora que tanto se habla de derechos y de libertad) y han mirado a otro lado ante la gran desgracia que padecemos en los últimos meses con la pandemia del COVID-19. Ha sido lamentable ver como cientos, miles de vándalos, una y otra vez desoían el cumplimiento de las mínimas normas que hemos tenido que asumir y que ir acostumbrándonos a adoptar por el interés general.
En lugar de eso, se ha encontrado una nueva diversión para, fundamentalmente algunos jóvenes, dedicar sus noches de estío a enfrentarse a las fuerzas de seguridad, destrozar el mobiliario público, concentrarse masivamente y sin ningún tipo de medida de contención, en un puro alarde de confrontación.
Es esa minoría ruidosa que rompe estadísticas. Que ahora se muestra exhibiendo una falsa rebeldía detrás, en numerosos casos, de una vida cómoda. Que luego se lamenta cuando las consecuencias de su afrenta le tocan directamente.
No mancharán el reto que nos hemos puesto: luchar contra todo aquello que se desvía del progreso. Hoy contra la COVID-19. Ayer y siempre contra cualquier acontecimiento o asunto que nos deshumanice. Ante eso, sólo cabe comprometerse.
domingo, 25 de julio de 2021
LACERADO
Tristes, infelices, con bajo estado de ánimo, lacerados… así nos encontramos las personas de bien cuando escuchamos declaraciones de la derecha defendiendo la presunta culpabilidad de un régimen democrático, como fue la Segunda República, en el inicio del desgraciado conflicto entre españoles que fue la guerra civil.
Señalando el comienzo del episodio bélico no fue un golpe de Estado. Justificando la iniciativa. Revisando la Historia. Y lo peor de todo, el silencio cómplice de los dirigentes del PP que no tuvieron el sentido común, ni siquiera, de matizar tan lamentables declaraciones en un espacio público y ante los medios de comunicación. Lo cual representa un altavoz y un aldabonazo que corrobora o afirma el despropósito.
Por todo ello cobra mayor significado el hecho de que se haya aprobado el Proyecto de una nueva Ley de Memoria Democrática. Un texto que amplía, pone al día y supera algunas limitaciones de la actual Ley en vigor. Del mismo modo supone una coordinación con las cada vez más numerosas normas autonómicas aprobadas por los Parlamentos regionales en los últimos años.
Porque, como se cita en su argumentario, el olvido no es una opción en Democracia. Porque tenemos que poner en su justo término el catálogo y la consideración de las víctimas de la represión y de la Dictadura franquista.
Porque, de nuevo, es importante rescatar de la deliberada amnesia el papel que tuvieron las mujeres en todo este desgraciado proceso que supuso el poder sacar adelante multitud de familias señaladas por el oprobioso régimen durante más de 40 años.
Y además porque todo esto no podemos dejarlo en manos del generoso voluntarismo o del extraordinario papel que han venido desempeñando Asociaciones Memorialistas y ONGs. Tiene que ser una política de Estado. Las Administraciones públicas deben hacerse responsables y ejecutoras para que ni un solo español siga yaciendo en una cuneta o en el fondo de una mina.
Y para los historiadores resulta fundamental que se proteja el acerbo documental y el depósito archivístico. Un elevado número de expedientes que paulatinamente tienen que ser de acceso generalizado para cualquier investigador o incluso para cualquier persona que tenga necesidad o interés en consultarlo.
Finalmente no quería obviar que detrás de todo estamos hablando de Derechos Humanos. Estamos hablando de la imperiosa actitud de consolidar las garantías de no repetición. Estamos hablando, en definitiva, de no permitir que sigan en los espacios públicos una simbología que exalta las Dictaduras y que, como mínimo, precisa de una adecuada resignificación.
domingo, 18 de julio de 2021
INDOLENTE
Con el paso del tiempo quieren dirigirnos la opinión para hacernos ver que nos hemos acostumbrado a no conmovernos. A no sentir nada especial frente, por ejemplo, a grandes catástrofes o como citaré a continuación, a situaciones que afectan a los demás, pero que, por muy desagradables que sean, no nos tocan de cerca.
A veces esa indolencia se altera porque conocemos, aunque sea de manera muy indirecta, algún caso similar. Otras, preferimos colaborar en oleadas de campañas de caridad o de solidaridad colectiva y temporal que hacen que, por momentos, nuestras conciencias se reblandezcan.
Parece que lo dejamos todo en manos de los profesionales o de los técnicos. Como en tantos ámbitos de la vida contemporánea, la ideología, en estos casos los derechos humanos, también tienen su cuota de burocracia y su parcela definida desde las Administraciones públicas.
Así, unas veces con mas fortuna o sensibilización, de acuerdo con el lugar del espectro desde el que se gobierna, se pone más o menos el acento en minimizar las consecuencias o en atajar las causas.
Una vez más la pugna entre el liberalismo individualista y la socialdemocracia que procura la acción de un Estado benefactor y redistribuidor o al menos corrector de desequilibrios.
Llegados a este momento quería lanzar un aviso de que la política también se puede hacer desde los consensos. Desde las cesiones. Desde el reconocimiento al trabajo de los demás.
Así sucede en ocasiones en los Parlamentos. Lejos del ruido, que es lo que queda como noticia la mayoría de las veces, se aprueban, bien por unanimidad de todos los grupos con representación parlamentaria o bien por acuerdos de diferentes fuerzas, propuestas, declaraciones, iniciativas...
Es la muestra de que somos capaces de ponernos de acuerdo. No es una excepción como suele transmitirse hacia fuera. Somos capaces, además, de escuchar las demandas de la sociedad civil organizada de manera usual. Somos capaces, en definitiva, de aportar matices, de enriquecer textos, de debatir de manera puntual algunas cuestiones, pero sin trazar finalmente líneas rojas que hicieran peligrar acciones común. Pese a que no siempre sea así, o al menos en todas las posibilidades deseables.
Por todas estas razones, a base de trabajo y de esfuerzo, es motivador corroborar que si se quiere, se puede. Hay acciones que, pese a que mayoritariamente no se consideren prioritarias, forman el alma de lo que debe ser un servidor público: despojarnos del yo, pensando y poniéndonos en el lugar de los otros.
domingo, 11 de julio de 2021
COHIBIDO
Ahora que volvemos a encontrarnos en multitud de actos sociales. Volvemos a los encuentros presenciales ( si bien mantenemos las actividades virtuales, que como se ha insistido últimamente, han llegado a nuestras vidas para quedarse y aumentar su frecuencia). Asistimos a celebraciones, convocatorias, espectáculos… es entonces cuando nos encontramos de nuevo con actuaciones en las que la duda, en determinados perfiles personales hace que te mantengas más callado que cuando te refugias en las redes o tras la cámara de una pantalla.
Cierto es, que somos muy dados a hablar de todo. A simular especializarnos en cada tema que se aborde y perorar acerca de cada cuestión que se plantea.
Por eso, vemos que cuando estamos cara a cara, otra vez se reproducen, en mayor número de lo habitual, actitudes reservadas, el miedo al ridículo ( no siempre, pues se escucha cada cosa, cuando se pierden los complejos…), el no ser tú el que tengas siempre la última palabra.
Cohibidos ante aquello en lo que no podemos mostrar nuestras habilidades. Donde no podemos aportar nuevos puntos de vista. Donde ni siquiera enriquecemos los debates, sino que tan sólo ganamos tiempo, que no notoriedad.
Prefiero hablar en aquellos momentos donde tu visión de la realidad aporta novedades. Rebate argumentos. Despeja incertidumbres. O incluso genera nuevos interrogantes.
Hace años se denominaba a estas tipologías que no se constriñen, que no se callan, que no evaden ningún tratamiento de asuntos de actualidad, como charlatanes. Peyorativamente a algunos tertulianos de medios de comunicación se les encasilló en esa categoría.
Hoy, tras tanto tiempo en casa, refugiados de las reuniones frente a frente, con la ausencia del calor físico próximo, tenemos la oportunidad de recuperar el valor de la palabra en su máximo esplendor. Es decir, utilizarlas cuando y como sea necesario y preciso.
Evitemos las sobreactuaciones. Huyamos de la farsa. Introduzcamos el silencio en muchas de nuestras apariciones como síntoma del deseo perenne de aprender. De asimilar. De captar lo mejor que nos pueden ofrecer nuestros compañeros de auditorio o simplemente de mesa.
Hay momentos en los que estar cohibido no es sinónimo de debilidad ni de ausencia de controversia. Es el turno de saber escuchar para poder transmitir lo oído en muchos otros lugares.
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