domingo, 20 de septiembre de 2020
ALEGRÍAS
Pasada la primera semana de lo que se conoce coloquialmente como la vuelta al colegio, procede hacer algunas valoraciones o consideraciones.
En primer lugar, resaltar la alegría que ha inundado, en términos generales, nuestros pueblos y ciudades. Es raro encontrarte con algún niño o adolescente que no manifieste su enorme satisfacción por reencontrarse con sus antiguos compañeros.
Son conscientes de que tienen mucho que aprender y hay que agradecerles el hecho de tenerse que adaptar a unas condiciones incómodas para todos, pero que si somos capaces de denunciar los incumplimientos, llegaremos al convencimiento de que cuando los proyectos son comunes, pese a sus dificultades, se hacen mucho más llevaderos.
Es muy agradable ver el fluir de la vida en las ganas de todos los implicados por continuar con sus propios devenires. Romper interrupciones nunca deseadas. Demostrar que la realidad cuando tuerce los propósitos iniciales puede enderezarse paulatinamente con el ímpetu y las energías necesarias para retomar las costumbres y obligaciones perdidas.
Por eso, me parece interesante que ese plus que da la concienciación, nos lleve también a saber diferenciar la verdadera dimensión de lo que va sucediendo. Ni minusvalorar ni sobredimensionar.
Cierto es, que hay una tendencia a resaltar lo malo y silenciar lo bueno. En términos periodísticos se diría que, puestos a elegir, la noticia preponderante siempre sería “niño muerde a perro”.
De cualquier forma, y al menos de momento, disfrutemos todo lo que podamos al ver inundados nuestros entornos de ilusiones por formar. De corazones acelerados. De risas, empujones cariñosos, besos y abrazos casi virtuales. Gritos amordazados por las mascarillas.
A la espera de las lluvias, con tardes cada vez más cortas o con menos luz, bajando poco a poco las temperaturas afrontamos un nuevo septiembre.
martes, 15 de septiembre de 2020
GENERALIDADES
Estoy escuchando, últimamente con mucha frecuencia, expresiones con tanta contundencia, que te dan que pensar que pueden llegar a tener un fundamento. Sin embargo, aunque parezca que surgen de gente poco cultivada, me molesta incluso que en muchas ocasiones no lo son.
Me estoy refiriendo a ese afán por deslegitimar la actuación de políticos o responsables públicos a lo largo de la pandemia. Qué duda cabe que se pueden equivocar en la toma de decisiones. Qué duda cabe que debe primar la libertad de expresión ( si bien, en este caso, habría que plantearse la manera de combatir los bulos y sus consecuencias). O, en definitiva, qué duda cabe que es legítima la diversidad de opiniones ante un mismo tema.
Pero, por el contrario, me parece una absoluta falta de respeto, además de ser falso, escuchar o leer afirmaciones como “ que todo se ha dejado para el último día”, en alusión, por ejemplo, a la preparación del inicio del curso escolar. Me gustaría que aquellos que hacen esta referencia se molestasen en comprobar cómo la mayoría de nuestros políticos con responsabilidades en este ámbito se han pasado todo el verano trabajando, adaptándose a los cambios, modificando continuamente planes iniciales y sobre todo, no improvisando como dicen. Es por consiguiente, falsa esta pretensión de señalar con el dedo acusador cuando no se cumplen las expectativas que a todos nos gustaría que sucediesen.
“No se ha hecho nada” es otra de las frases que me causa estupor. Solamente hace falta mirar el repertorio de medidas, tanto nacionales, como regionales o locales, para comprobar cómo faltan a la verdad los que se pronuncian de este modo. Alcaldes, concejales, responsables públicos, políticos en general… se están dejando la piel.
Claro que es insuficiente. Claro que quedan muchas cosas por hacer. Claro que cambiarán las cosas con el tiempo. En efecto, como estamos comprobando, buena parte de la situación por la que atravesamos es imprevisible.
Además tenemos que ser conscientes de que hay muchas responsabilidades y no son todas públicas. Tomar decisiones no es fácil ( ya sé que les pagan por ello y que están en sus puestos por propia voluntad), pero lo que es absolutamente certero, y esto no son generalidades, es que no se va deprisa y corriendo, como se quiere transmitir por los que viven en la crítica, si no que se actúa en función de las circunstancias cambiantes y del contexto. Pese a los errores, nos levantaremos.
sábado, 5 de septiembre de 2020
CRISIS CRISIS Cuando antes seamos conscientes de que nos encontramos en una época en la Historia de España ( y me atrevería a decir de la Humanidad) de decadencia, o por decirlo sin tapujos, de crisis, mejor podremos asumir el reto de ir remontando los flujos que nos esperan de debilidad. Por otra parte, no es nada nuevo. La Historia nos ha enseñado que estamos compuestos de ciclos: a unos de bonanza les siguen otros de bajada. La clave está en evitar que los negativos duren mucho y sobre todo, para los interesados en las políticas progresistas, que afecten lo menos posible a las clases más necesitadas. De ahí nuestra apuesta por la igualdad. En el caso que nos ocupa, venimos hablando de una crisis sanitaria. Todos los informativos y todas las noticias que nos rodean están imbuidos por aspectos relacionados con la evolución de la pandemia: casos positivos, brotes, enfermos hospitalizados, sanados… Ahora bien, no debemos abandonar la perspectiva de que esta crisis sanitaria viene unida a una crisis económica y social. Y lo que no es menos importante, el hecho de que tendremos que superar después una crisis de confianza. En efecto, los expertos nos vienen anunciando que debemos acostumbrarnos a vivir con el virus. Ya forma parte de nuestra rutina el lavado de manos, la distancia social, las mascarillas, el evitar las aglomeraciones…. Pero por otra parte, nos invade la nostalgia. Queremos recordar, y no perder, cómo eran nuestras vidas antes de marzo. Queremos volver y en muchas ocasiones nos precipitamos. Nos equivocamos. Transgredimos las normas. Ya se oyen voces pidiendo más dureza con los irresponsables. Insistiendo en que la sanción es la solución. Incidiendo en que algunos no son capaces, salvo con el palo, de entender lo que son los proyectos colectivos. Y de ahí viene el temor. La sensación de volver a caer. Sin embargo, me gustaría insistir en su reverso. Somos más fuertes que las circunstancias que nos obligan a la duda. Hemos salido siempre de situaciones difíciles. Seremos, si nos lo proponemos, una sociedad que tiene, necesariamente, que aprender, de los problemas que le ocasionan estas curvas en el camino del avance de la civilización. Lo superaremos. No nos vencerá la impaciencia.
domingo, 26 de julio de 2020
EQUIVOCARSE
No es el único que lo ha señalado, pero
quizás por su relevancia, convenga citarle. Decía Joaquín Goyache, rector de la
Universidad Complutense de Madrid, que las generaciones más jóvenes van a vivir
peor que sus padres, algo que no pasaba en la reciente historia de este país.
Y es que un error debe ser un puente al
aprendizaje. Lo estamos viendo las últimas semanas. Se produce un incremento
muy sustancioso de los contagiados por Covid 19 debido, sin lugar a duda, a lo
que podríamos denominar, las prisas del día después.
Ya lo comprobamos a comienzos de mayo,
cuando tras el levantamiento del estado de alarma, hubo una enorme ansiedad por
recuperar la vida que hacíamos antes del confinamiento.
Las calles se llenaron de gente, que en
un primer momento, procuraban ( procurábamos) salir asustados y tomando como
referencia la terrible experiencia que habíamos padecido.
Pero el tiempo que todo lo cura, aquí ha
hecho el efecto contrario. Pasado un tiempo excesivamente breve, estamos
comprobando que la causa principal de que estemos atemorizados por volver a
estadios anteriores, no es una cuestión sanitaria, sino, a mi juicio, social.
Se están vulnerando, una y otra vez, las
recomendaciones de las autoridades. Se está poniendo en tela de juicio la
agresividad con la que nos ha atacado la enfermedad. Y si no, que cada uno reflexione, y haga un repaso en su entorno
más próximo para recapitular las actuaciones que se salen de la norma. O
simplemente que vea las imágenes de televisión o lea las noticias en la prensa.
Nos hablan de playas sin control, de
fiestas con multitudes, de gente que va y viene sin ningún tipo de prevención,
de celebraciones deportivas donde priman las emociones más primarias antes que
el deseo de dejar esta locura en el olvido…
Y puedo ser muy reiterativo, pero la
realidad es que, pese a que semana tras semana, repitamos lo mismo, no parece
que avancemos.
Luego nos quejaremos si se llega a
soluciones más drásticas. Luego no reconoceremos que nos hemos equivocado.
Errores donde tropezar. Errores que debemos asumir.
lunes, 20 de julio de 2020
SEGREGACIÓN
Señalaba el historiador y filósofo, Yuval
Noah Harare, que el verdadero antídoto contra una epidemia no es la
segregación, sino la cooperación. Dado que es imposible aislarnos totalmente,
tiene mucho más sentido que compartamos la información.
De ahí que cobre importancia la necesidad
de contar con un Estado fuerte frente al liberalismo político y económico que
lo adelgaza y prima el individualismo.
Estamos habituados a escuchar que de esta
crisis, al igual que de otras de similares perfiles por las que hemos
atravesado, sólo podemos salir adecuadamente si actuamos unidos.
Puede parecer retórica hueca. Palabras
para rellenar en discursos grandilocuentes. Pero si bajamos a la realidad
concreta. Si buscamos ejemplos concretos, nos percataremos que es precisamente
la actuación conjunta la que logra obtener mejores resultados y de una manera
más rápida y eficaz.
Eso sí, siempre que no nos dejemos llevar
por el egoísmo y se produzcan beneficios inmediatos o rentabilidades efectivas
para sólo una parte del todo.
Esta semana en el Debate del Estado de la
Región, hemos tenido, de nuevo la
oportunidad, de escuchar miradas hacia aquellos que no tienen las mismas
oportunidades que nosotros.
El Presidente de la Junta de Extremadura
nos ha pedido que pensemos en cómo han debido ( están) pasando estas
situaciones tan dramáticas en muchos lugares donde no tienen, ni de lejos, las
mismas oportunidades que nosotros.
Somos consientes de las enormes
dificultades para sobrellevar las consecuencias de toda índole que lleva
aparejada la pandemia. Sin embargo, también hemos sido capaces de esforzarnos
para ayudar a aquellos que no podían afrontarla de la misma manera que
nosotros.
Lo hacemos ahora, como lo han hecho antes
por nosotros en otras circunstancias, sociedades más desarrolladas.
Por esa razón, cuando oigamos hablar de
reconstrucción económica y social, acordémonos de valores internacionales, como
la cooperación al desarrollo.
Ya sabemos hacia dónde nos ha conducido
en determinadas épocas de nuestra Historia, apostar por la segregación. No lo
repitamos.
domingo, 12 de julio de 2020
HUMILDAD
Tenemos que ser humildes ante cada
palabra que decimos sobre el Covid-19. Ya lo expresó desde un primer momento en
público, Manuel Valls, concejal de Barcelona y
que fue primer ministro de Francia. Es decir, un personaje, con una alta
y larga trayectoria política.
Sabemos todavía muy poco sobre su
comportamiento, evolución y me atrevería a manifestar, sobre su tratamiento. Se
especula y se expanden rumores no suficientemente contrastados.
Recuerden ustedes como al principio de la
pandemia se extendieron propuestas sobre sus causas, sobre los antídotos o
posibles medicamentos que eran más eficaces, sobre cómo se combatía con mayor o
menor seguridad e incluso hasta se habló de las temperaturas ambientales como
uno de los condicionantes.
Como comprobarán, muchas de estas
cuestiones están en entredicho. La única certeza, científicamente comprobada,
es que el uso generalizado de la mascarilla, el mantenimiento de la denominada
distancia social y el aislamiento o
confinamiento, en su caso, de los contagiados durante un tiempo limitado, son
los verdaderos elementos que nos están permitiendo avanzar.
De ahí, que no podamos comprender, ni
aceptar, sin elevar nuestras más profundas críticas, el incumplimiento
deliberado de las normas establecidas de muchos ciudadanos.
Playas atestadas, incluso burlando la
restricción establecida a través de barreras delimitadas. Discotecas y bares
con personas bailando o “disfrutando” de momentos de ocio completamente
pegados. Gente bebiendo, comiendo, celebrando fiestas multitudinarias en las
calles…
Y el problema es que encima algunos se
atreven todavía a criticar a las autoridades. Está suficientemente claro que la
responsabilidad en todos estos casos es individual. Parece que pronto nos hemos
olvidado del penar de nuestros hospitales. Parece que lo único efectivo, para
evitar estas conductas, sería hacer pasar algunas jornadas como medida de
reeducación, a todos aquellos que ponen en riesgo la salud de la totalidad de
la sociedad.
En definitiva, es cierto que tenemos que revitalizar la
economía, que intentaremos retomar nuestras cotidianas actividades, pero no lo
es menos, que sobre todo ello, debe primar la humildad y la prudencia. Por el
bien de todos.
domingo, 5 de julio de 2020
INTROSPECCIÓN
Hace unas semanas leía unas
declaraciones, a mi juicio, muy afortunadas, del atleta español Pablo Torrijos.
“Son tiempos de introspección”, comentaba. En efecto, vivimos una época en la
que, al contrario de lo que algunos podrían esperar, nos refugiamos en la
reflexión.
Si bien, es cierto que hay que valorar
todo lo que tenemos, ya que en cualquier momento podemos perderlo, no lo es
menos, que en el interior de cada uno de nosotros, experiencias como las
vividas en los últimos meses nos han hecho pensar. Y mucho.
Quien más y quien menos, se ha detenido,
al menos durante un momento, a darle vueltas a las causas y a las consecuencias
de las cosas.
Es verdad que, lamentablemente,
comprobamos, una y otra vez, conductas deplorables, poco ejemplarizantes, de
personas, más bien de grupos de personas, que no tienen la mínima sensibilidad
de ponerse en el lugar del otro.
De retroceder y mirar. De comprobar en
sus propias carnes lo vivido por muchos de los que nos rodean. De percatarse
que lo que pasó puede volver a suceder. Y esta vez podrías ser tú el
protagonista del desastre.
Por eso, insisto en la importancia de la
mesura. Del aprendizaje. De la lectura reposada de lo sucedido.
Vemos brotes, focos, casos, que podemos
considerar aislados, pero que nos debería preocupar que se extendieran.
Por otra parte, estamos deseando que todo
esto sea tan sólo ya una amarga pesadilla. Continuar con nuestras vidas. Retomar
cada una de nuestras aficiones, ocupaciones y preocupaciones cotidianas.
Todo ello no debe ser incompatible con el
impulso que supone el caminar con cuidado. El tener tacto. El poder simultanear
prevención con acción.
Sí, mirémonos dentro. Nosotros, al menos,
tenemos esa oportunidad.
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