martes, 10 de marzo de 2020

ENERVAR


Por cuestiones de trabajo me suelo rodear de gente que habla mucho. Discutimos, opinamos, discrepamos… En ocasiones, coincidimos, y todo se reduce a aumentar y reforzar argumentos.
Pero otras veces, el tono se eleva, algunos se ponen nerviosos, se crispan… y lo que es peor, escenifican con extraordinaria desmesura el estar fuera de sí.
No suele ser muy popular el tono moderado. Los entornos impulsan a la provocación. El “dales caña” parece ser la justificación de un éxito asegurado.
Sin embargo, a la hora de la verdad, lo que queda, lo que se valora, lo que trasciende, es el tener razón. O razones.
Saber ceder. Saber rectificar. Saber reconocer que te puedes equivocar. Del mismo modo, hay que tender a aceptar que los avances, difícilmente se producen tras un proceso individual. Son el fruto de esfuerzos compartidos y valga la redundancia colectivos.
Un conocido me decía una mañana, que los auténticos líderes se rodeaban de los mejores, con el objetivo de poder convertirse un día en uno de ellos.
Cuesta aceptar esta aseveración, si damos una vuelta a muchos de los equipos. Es habitual pensar que al que “manda” no se le rechista. Que más vale pasar desapercibido. Que las críticas provocan asperezas y desencuentros.
Tenemos una cultura donde aceptar que te pueden corregir no es positivo. Cierto es, que tampoco tiene patente de veracidad aquél que presume de ser un “pepito grillo”. De provocar por hacer ostentación de la diferencia.
Lo difícil es averiguar si las propuestas se hacen con afán constructivo. Si se hacen para debilitar. O si por el contrario, se realizan, pero pierden su efectividad al no ser aceptadas, por la sencilla evidencia de que no contribuyen a mejorar el estado de la cuestión.
Volviendo al tema de origen, hay personas que enervan con el único propósito de hacerse notar. Hagámosles invisibles.




sábado, 29 de febrero de 2020

REMINISCENCIAS


Acaba de pasar el 23 de Febrero, y  como parte de nuestro recuerdo, llega a nuestra Memoria algo que pasó. Una reminiscencia que cada vez queda más alejada, afortunadamente, de nuestras preocupaciones y más situada, donde debe estar, en las páginas de la Historia.
Son momentos, junto a muchos otros, para seguir permanentemente inquietos ante la indiferencia que algunos pretenden ejercer sobre lo que cuesta asentar la Democracia:  por ejemplo también se recordaba también hace unos días el aniversario del asesinato por ETA de Fernando Buesa y de su escolta.
 En ese sentido se aprobaba recientemente en la Asamblea de Extremadura una Ley sobre las víctimas del terrorismo.
Si bien la Historia, escrita, vista o narrada, según las nuevas tecnologías que hoy podemos utilizar, aporta como fuentes un selecto repertorio con cada vez mayor abundancia de información, la Memoria de los testigos, el testimonio de familiares, de amigos, incluso de los verdugos, debe servirnos como experiencia que tenemos la obligación ética de mantener.
Así pues, no por delicados los asuntos, ni por perentorias las preocupaciones cotidianas, hay que perder en nuestro horizonte vital la presencia de los acontecimientos que han marcado el devenir de la construcción de una ciudadanía corresponsable.
Por eso, ahora que la agenda pública y política la marcan aquellos temas que nos absorben por su inmediatez, no quisiera que dejáramos de lado, estos otros que van y vienen, únicamente en momentos puntuales.
Queremos pensar que todo aquello que no nos afecta en el día a día puede ser importante emocionalmente pero no lo es desde el punto de vista material. Nos equivocamos al caer en este tipo de reflexiones, o al menos seríamos tremendamente injustos, si no somos capaces de abstraernos y percatarnos que, si ya hemos dicho en muchas ocasiones, que “somos lo que fuimos” ahora tendríamos que reiterarnos señalando que “ somos lo que somos gracias a los que nos hicieron así”.

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No tratemos de pretender que lo que ahora protagonizamos es el centro del Universo. La Historia se construye de caminos. Y es gratificante reconocer que forman parte de nosotros, desde Viriato hasta el recientemente fallecido Fernando Morán.

domingo, 23 de febrero de 2020

LA SOLEDAD


Escuchaba en una ocasión a un pintor referirse a la soledad acompañada. Parecían conceptos contradictorios. Pero no lo son. Quizás, sea  un problema mayor en los núcleos más importantes de población, pero no lo es menos en otros.
Al hilo de esto, charlaba con un compañero de la vinculación generalizada, a la hora de hablar de la soledad, con las personas mayores. Es cierto, que en su mayor parte podemos estar hablando de este colectivo. Y en ese sentido, es muy necesario que las políticas públicas se vuelquen en potenciar iniciativas que palíen y, si es posible, eviten situaciones de aislamiento no deseado.
Sin embargo en las sociedades actuales,  en plena explosión de la digitalización de nuestras vidas, existen fenómenos paralelos que no van unidos explícitamente a la edad de los afectados.
Vivimos en comunidades en las que, en no pocas ocasiones, no nos conocemos los vecinos.
Formamos parte de una nueva cultura en la que la vida en la calle cada vez se hace más prescindible. El mundo real se sustituye por el virtual.
No es la primera vez que denunciamos, por ejemplo, el avance progresivo de fenómenos como la obesidad infantil y juvenil. Nuestras generaciones más jóvenes apenas juegan en la calle, practicar deporte de manera habitual casi queda relegado a los mayores de 40. El cuidado o la preocupación por un estilo de vida sana se sustituye por la vida dentro de las diferentes pantallas de las que nos rodeamos.
Y eso cuando no hablamos de enfermedades. A veces nos conducimos a ella. El deterioro de la salud mental es otro indicador de que debemos prestar especial atención a los casos de soledades acompañadas.
Nos vemos rodeados de muchas gentes con problemas. Es un lugar común señalar que cada uno tiene sus historias personales. Que no debemos meternos en las vidas de los demás. Pero sí podemos ayudar a quienes tienen dificultades. Pero sí podemos comprender que para muchos hay situaciones que pasarlas sin contacto con los demás no es tarea grata. Y lo malo es que ellos no nos lo van a demandar. Y lo penoso es que los que les rodeamos no queramos involucrarnos con las peregrinas excusas de que ellos no quieren.

Por estas razones, siempre me parecerá de agradecer el ruido del contacto físico. Las voces de las palabras. El intercambio. El fluir de la vida en comunidad. No acompañemos a la soledad no elegida. Evitémosla.

martes, 18 de febrero de 2020

EPÓNIMO


Resulta que, en muchas ocasiones, reconocemos determinadas acciones asociadas a una persona, un acontecimiento o un suceso singular. Es lo que se viene a denominar, epónimo.
En el caso de Extremadura, es cierto que esas relaciones suelen ser muy habituales con numerosos puntos comunes como son: el mundo y el entorno cultural, el medio ambiente y nuestras enormes posibilidades comparadas con otras Comunidades y otras, quizás menos apreciadas en las últimas décadas, como  los avances en la innovación educativa conectadas con todo el recorrido que se hizo en los gobiernos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Fue lo que en aquellos momentos se conoció como la Sociedad de la Información, la apuesta por el sofware libre o por las Nuevas Tecnologías aplicadas a la realidad más inmediata y a buena parte de los servicios públicos.
De ahí viene el reconocimiento a un trabajo que es preciso reseñar su lentitud para hacerlo asumible.
Si bien, vivimos en entornos dinámicos, en lo que todo cambia a una velocidad vertiginosa, no es menos cierto, que los historiadores, cuando queremos analizar los avances estructurales en las modificaciones o hábitos sociales, necesitamos tramos temporales o espacios cronológicos amplios.
De ahí deriva su verdadero valor. Cuando somos capaces de comprender que hay que equivocarse para acertar. Que hay que caerse y volver a levantarte para avanzar. Que, pese a la humildad, en regiones periféricas como la nuestra, podemos ser la enseña en la que se reflejan otros, supuestamente más avanzados.
Siempre recordaré, a modo de anécdota, como compañeros de otras Comunidades, cuestionaban nuestras posibilidades para hacer la transformación que se realizó en la región, tanto en infraestructuras educativas, como en el equipamiento de las aulas. Otras estaban llenas de deudas o se habían gastado sus recursos en financiar televisiones. Aquí, se decidió potenciar la educación en el sentido de un bien del que pudieran disponer todos los alumnos, al margen de los recursos económicos de los que dispusieran sus padres.
Hoy posiblemente nos afrontemos a otros retos. Por eso, quizás en un futuro próximo, los historiadores quieran hacer sus investigaciones sobre la realidad de una economía verde y circular en un mundo en el que el cambio climático trastorna todas las previsiones. Quizás sea el momento de que el nuevo reflejo sea el decidido empuje hacia las energías alternativas. Quizás, otra vez más, sea el momento de la educación en valores. Esta vez medioambientales.

Estamos s a tiempo de hacer Historia.

martes, 28 de enero de 2020

AMPULOSO

AMPULOSO
Supongo que no será una percepción muy simple, pero desde hace unas semanas, venimos contemplando una puesta en escena de la derecha clásica de España que verbaliza sus posiciones de una forma extraordinariamente teatralizada.
La exageración de sus discursos, la polarización y radicalización en muchos casos de sus posturas ante temas de delicado tratamiento, hacen pensar que han tirado la toalla. Se modifica, por consiguiente, esa imagen de derecha moderna, moderada, con intención y posibilidades de gobernar que han intentado trasladar a la opinión pública.
Esperamos que, por el bien de esa España que quieren defender, no sean todos así. No hace falta recordarles lo que les ha pasado a otros partidos y líderes políticos de homóloga actitud y pensamiento a la suya: han quedado desdibujados ante la arrolladora presencia de la auténtica extrema derecha con la que pretenden competir y a la que, día sí y día también, se asemejan.
Y no me refiero únicamente al PP, que podríamos tenerle en el pensamiento la mayoría al hacer estas aseveraciones, sino también a esa otra derecha camuflada en liberalismo, posiciones centrales que han devenido, como ha sucedido en algún debate en Pleno de la Asamblea de Extremadura en un sorpasso a la derecha de los populares.
Por eso queríamos referirnos hoy a la ampulosidad. Porque quisiera imaginarme una derecha que no se cree lo que dice. Que interpreta. Que es consciente de que comete y pronuncia cada vez con mayor frecuencia barbaridades sin freno.
Quiero pensar que es sólo postureo. Giros de llamada de atención a esa parte del electorado que se les marcha. Una manera de denunciar la presencia, dolorosa para ellos, de un Gobierno de progreso. El lamento por no haber podido parar el triunfo de las izquierdas. La desazón por comprobar que nada más empezar ya se están notando las primeras medidas sociales, como la subida de las pensiones o la del sueldo de los funcionarios.
Me gustaría apelar a esa derecha necesaria, constructiva, que ayuda a crecer. Que nos hace partícipes de nuestros errores y que colabora a que las cosas funcionen un poco mejor.
De momento estamos distantes de conseguirlo. Pruebas de ello las tenemos aquí. Muy cerca. Centenares de enmiendas a unos Presupuestos con el objeto puesto en la cantidad, más que en la calidad. Sin importarles la medida ni el valor de lo que proponen. Sin contrastar la viabilidad de las alternativas.
En definitiva, buscando meramente la presencia mediática del no por el no.

Paciencia...

martes, 21 de enero de 2020

LIMITACIÓN

Durante las últimas semanas he comprobado cómo se echa de menos poder contar con todas tus capacidades al completo. He sufrido una fractura en el brazo derecho, lo cual me impide y me limita el realizar, como de costumbre, buena parte de mis actividades.
Me he tenido que adaptar y comprender, y asimilar, que necesitas la ayuda de los que te rodean. Que se puede avanzar del mismo modo, aunque sea un poco más lento. Que la gente que te aprecia se preocupa por ti. Que, en definitiva, la cooperación, la solidaridad y el sentido de lo colectivo hace que las cosas sean más fáciles.
Es decir, si lo trasladamos al mundo de la vida pública, las limitaciones nos enseñan que es mejor ceder, escuchar, dialogar, poner a disposición tus habilidades para que se enriquezcan con las de los demás.
Aquí atrás leí que la política consistía en elegir entre lo malo y lo peor. Si profundizamos en esta reflexión nos percataremos que no tiene una connotación negativa. Nos viene a decir, que no existen verdades absolutas. Que, como hemos señalado en otras ocasiones, entre el blanco y el negro tienen que predominar toda una gama de grises.
Es la cesión de los valores absolutos la que hace que se puedan llegar a completar acuerdos. Y es la comprobación de las realidades posteriores la que hace que valoremos si ha merecido la pena el esfuerzo. Tengamos paciencia, pues, y esperemos a los hechos. Demos, al menos una tregua y permitamos trabajar.
Por último, con las limitaciones aprendemos que seremos más grandes cuando consigamos añadir a nuestras prestaciones las de aquellos que quieran completar la singladura que queremos iniciar.
Agradezcamos la voluntad de incorporación de los diferentes a los proyectos. Pensemos que juntos somos más fuertes. No olvidemos que lo que hace falta es la convicción de creer que estamos haciendo lo correcto. Y, evidentemente, yo creo de manera firme que sí se puede.
Demos la oportunidad a los sueños.