domingo, 23 de febrero de 2020

LA SOLEDAD


Escuchaba en una ocasión a un pintor referirse a la soledad acompañada. Parecían conceptos contradictorios. Pero no lo son. Quizás, sea  un problema mayor en los núcleos más importantes de población, pero no lo es menos en otros.
Al hilo de esto, charlaba con un compañero de la vinculación generalizada, a la hora de hablar de la soledad, con las personas mayores. Es cierto, que en su mayor parte podemos estar hablando de este colectivo. Y en ese sentido, es muy necesario que las políticas públicas se vuelquen en potenciar iniciativas que palíen y, si es posible, eviten situaciones de aislamiento no deseado.
Sin embargo en las sociedades actuales,  en plena explosión de la digitalización de nuestras vidas, existen fenómenos paralelos que no van unidos explícitamente a la edad de los afectados.
Vivimos en comunidades en las que, en no pocas ocasiones, no nos conocemos los vecinos.
Formamos parte de una nueva cultura en la que la vida en la calle cada vez se hace más prescindible. El mundo real se sustituye por el virtual.
No es la primera vez que denunciamos, por ejemplo, el avance progresivo de fenómenos como la obesidad infantil y juvenil. Nuestras generaciones más jóvenes apenas juegan en la calle, practicar deporte de manera habitual casi queda relegado a los mayores de 40. El cuidado o la preocupación por un estilo de vida sana se sustituye por la vida dentro de las diferentes pantallas de las que nos rodeamos.
Y eso cuando no hablamos de enfermedades. A veces nos conducimos a ella. El deterioro de la salud mental es otro indicador de que debemos prestar especial atención a los casos de soledades acompañadas.
Nos vemos rodeados de muchas gentes con problemas. Es un lugar común señalar que cada uno tiene sus historias personales. Que no debemos meternos en las vidas de los demás. Pero sí podemos ayudar a quienes tienen dificultades. Pero sí podemos comprender que para muchos hay situaciones que pasarlas sin contacto con los demás no es tarea grata. Y lo malo es que ellos no nos lo van a demandar. Y lo penoso es que los que les rodeamos no queramos involucrarnos con las peregrinas excusas de que ellos no quieren.

Por estas razones, siempre me parecerá de agradecer el ruido del contacto físico. Las voces de las palabras. El intercambio. El fluir de la vida en comunidad. No acompañemos a la soledad no elegida. Evitémosla.

martes, 18 de febrero de 2020

EPÓNIMO


Resulta que, en muchas ocasiones, reconocemos determinadas acciones asociadas a una persona, un acontecimiento o un suceso singular. Es lo que se viene a denominar, epónimo.
En el caso de Extremadura, es cierto que esas relaciones suelen ser muy habituales con numerosos puntos comunes como son: el mundo y el entorno cultural, el medio ambiente y nuestras enormes posibilidades comparadas con otras Comunidades y otras, quizás menos apreciadas en las últimas décadas, como  los avances en la innovación educativa conectadas con todo el recorrido que se hizo en los gobiernos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Fue lo que en aquellos momentos se conoció como la Sociedad de la Información, la apuesta por el sofware libre o por las Nuevas Tecnologías aplicadas a la realidad más inmediata y a buena parte de los servicios públicos.
De ahí viene el reconocimiento a un trabajo que es preciso reseñar su lentitud para hacerlo asumible.
Si bien, vivimos en entornos dinámicos, en lo que todo cambia a una velocidad vertiginosa, no es menos cierto, que los historiadores, cuando queremos analizar los avances estructurales en las modificaciones o hábitos sociales, necesitamos tramos temporales o espacios cronológicos amplios.
De ahí deriva su verdadero valor. Cuando somos capaces de comprender que hay que equivocarse para acertar. Que hay que caerse y volver a levantarte para avanzar. Que, pese a la humildad, en regiones periféricas como la nuestra, podemos ser la enseña en la que se reflejan otros, supuestamente más avanzados.
Siempre recordaré, a modo de anécdota, como compañeros de otras Comunidades, cuestionaban nuestras posibilidades para hacer la transformación que se realizó en la región, tanto en infraestructuras educativas, como en el equipamiento de las aulas. Otras estaban llenas de deudas o se habían gastado sus recursos en financiar televisiones. Aquí, se decidió potenciar la educación en el sentido de un bien del que pudieran disponer todos los alumnos, al margen de los recursos económicos de los que dispusieran sus padres.
Hoy posiblemente nos afrontemos a otros retos. Por eso, quizás en un futuro próximo, los historiadores quieran hacer sus investigaciones sobre la realidad de una economía verde y circular en un mundo en el que el cambio climático trastorna todas las previsiones. Quizás sea el momento de que el nuevo reflejo sea el decidido empuje hacia las energías alternativas. Quizás, otra vez más, sea el momento de la educación en valores. Esta vez medioambientales.

Estamos s a tiempo de hacer Historia.

martes, 28 de enero de 2020

AMPULOSO

AMPULOSO
Supongo que no será una percepción muy simple, pero desde hace unas semanas, venimos contemplando una puesta en escena de la derecha clásica de España que verbaliza sus posiciones de una forma extraordinariamente teatralizada.
La exageración de sus discursos, la polarización y radicalización en muchos casos de sus posturas ante temas de delicado tratamiento, hacen pensar que han tirado la toalla. Se modifica, por consiguiente, esa imagen de derecha moderna, moderada, con intención y posibilidades de gobernar que han intentado trasladar a la opinión pública.
Esperamos que, por el bien de esa España que quieren defender, no sean todos así. No hace falta recordarles lo que les ha pasado a otros partidos y líderes políticos de homóloga actitud y pensamiento a la suya: han quedado desdibujados ante la arrolladora presencia de la auténtica extrema derecha con la que pretenden competir y a la que, día sí y día también, se asemejan.
Y no me refiero únicamente al PP, que podríamos tenerle en el pensamiento la mayoría al hacer estas aseveraciones, sino también a esa otra derecha camuflada en liberalismo, posiciones centrales que han devenido, como ha sucedido en algún debate en Pleno de la Asamblea de Extremadura en un sorpasso a la derecha de los populares.
Por eso queríamos referirnos hoy a la ampulosidad. Porque quisiera imaginarme una derecha que no se cree lo que dice. Que interpreta. Que es consciente de que comete y pronuncia cada vez con mayor frecuencia barbaridades sin freno.
Quiero pensar que es sólo postureo. Giros de llamada de atención a esa parte del electorado que se les marcha. Una manera de denunciar la presencia, dolorosa para ellos, de un Gobierno de progreso. El lamento por no haber podido parar el triunfo de las izquierdas. La desazón por comprobar que nada más empezar ya se están notando las primeras medidas sociales, como la subida de las pensiones o la del sueldo de los funcionarios.
Me gustaría apelar a esa derecha necesaria, constructiva, que ayuda a crecer. Que nos hace partícipes de nuestros errores y que colabora a que las cosas funcionen un poco mejor.
De momento estamos distantes de conseguirlo. Pruebas de ello las tenemos aquí. Muy cerca. Centenares de enmiendas a unos Presupuestos con el objeto puesto en la cantidad, más que en la calidad. Sin importarles la medida ni el valor de lo que proponen. Sin contrastar la viabilidad de las alternativas.
En definitiva, buscando meramente la presencia mediática del no por el no.

Paciencia...

martes, 21 de enero de 2020

LIMITACIÓN

Durante las últimas semanas he comprobado cómo se echa de menos poder contar con todas tus capacidades al completo. He sufrido una fractura en el brazo derecho, lo cual me impide y me limita el realizar, como de costumbre, buena parte de mis actividades.
Me he tenido que adaptar y comprender, y asimilar, que necesitas la ayuda de los que te rodean. Que se puede avanzar del mismo modo, aunque sea un poco más lento. Que la gente que te aprecia se preocupa por ti. Que, en definitiva, la cooperación, la solidaridad y el sentido de lo colectivo hace que las cosas sean más fáciles.
Es decir, si lo trasladamos al mundo de la vida pública, las limitaciones nos enseñan que es mejor ceder, escuchar, dialogar, poner a disposición tus habilidades para que se enriquezcan con las de los demás.
Aquí atrás leí que la política consistía en elegir entre lo malo y lo peor. Si profundizamos en esta reflexión nos percataremos que no tiene una connotación negativa. Nos viene a decir, que no existen verdades absolutas. Que, como hemos señalado en otras ocasiones, entre el blanco y el negro tienen que predominar toda una gama de grises.
Es la cesión de los valores absolutos la que hace que se puedan llegar a completar acuerdos. Y es la comprobación de las realidades posteriores la que hace que valoremos si ha merecido la pena el esfuerzo. Tengamos paciencia, pues, y esperemos a los hechos. Demos, al menos una tregua y permitamos trabajar.
Por último, con las limitaciones aprendemos que seremos más grandes cuando consigamos añadir a nuestras prestaciones las de aquellos que quieran completar la singladura que queremos iniciar.
Agradezcamos la voluntad de incorporación de los diferentes a los proyectos. Pensemos que juntos somos más fuertes. No olvidemos que lo que hace falta es la convicción de creer que estamos haciendo lo correcto. Y, evidentemente, yo creo de manera firme que sí se puede.
Demos la oportunidad a los sueños.

martes, 17 de diciembre de 2019

HISTORIAS DE VIDA


Hace unos días se desarrolló en Miajadas la Gala del Deporte de Extremadura. Como en otras ocasiones, los premiados salieron al escenario y dedicaron al público asistente, unas palabras. Previamente, se proyectaba un pequeño vídeo que narraba lo más singular de sus trayectorias.
Había una coincidencia en la mayoría de los discursos, que el Presidente de la Junta, acertadamente, nos recordó. Los deportistas, con el micrófono en la mano, no lo aprovecharon para ensalzar sus hazañas, para demostrar una vez más por qué son tan excepcionales, para mostrar al resto los motivos de sus triunfos.
Prefirieron no hablar de ellos. Dedicaron su tiempo a los entrenadores, a sus padres, a sus amigos, a sus familias,  a sus parejas… Hubo uno que incluso hizo una reflexión sobre la idea equivocada que se tiene acerca de la egolatría que rodea a muchos de los líderes, a su alejamiento de la realidad, a basar buena parte de sus vidas en la consecución de marcas, en lograr buenos entrenamientos, en definitiva, en ensimismarse.
A la vuelta, comentaba con algunos compañeros que me llamó positivamente la atención la presencia muy notable de premios a deportistas con discapacidad. Es un símbolo de la inclusión en este ámbito. No olvidemos que el Jurado había valorado sus méritos compitiendo en el mismo nivel de reconocimiento que deportistas sin discapacidad. Por ejemplo, Guillermo, el nadador con síndrome de Down fue reconocido como el mejor deportista promesa de Extremadura. Eso significa que, nadie, que ningún deportista promesa, de ningún deporte en la Comunidad es valorado con más méritos que los conseguidos por Guillermo.  Una buena noticia para la normalización de la diversidad.
La otra cuestión a la que quería referirme, fue la abundancia de premios a deportes considerados minoritarios. Eso representa un triunfo frente al marketing de los espectáculos de masas. Eso significa que el esfuerzo, la superación, la necesidad de continuar  progresando, tiene al final la recompensa de la visualización de la actividad a la que dedicas buena parte de tu tiempo en un escenario, habitualmente copado por aspectos, mucho más frívolos y por ende menos saludables y con menor espíritu de sana competitividad.
Estuvimos, pues, ante, auténticas historias de vida.



martes, 10 de diciembre de 2019

EL FINAL DEL SILENCIO


            La semana pasada hablábamos del significado del silencio a la hora de valorar nuestro pasado más reciente. Quisimos hacer un esbozo de la importancia de la educación al respecto y nos emplazamos a una mayor profundización. A eso vamos.
            En la entrega de Premios “Luis Romero Solano”, que otorgan cada año las Juventudes Socialistas de Cáceres, se escuchó, en un acto plagado de jóvenes, que en los Institutos, e incluso en la Universidad, les  han enseñado mucho sobre los griegos y los romanos, pero que saben muy poco de lo que ha pasado en su entorno en épocas mucho más recientes. Es una auténtica pena y un déficit que hay, irremediablemente, que corregir.
            Otro ejemplo que acabo de ver hace unos días, lo muestra la serie documental “El final del silencio”. Conducida por el periodista Jon Sistiaga, narra la singladura del terrorismo y de ETA en la España desde los inicios de la Transición hasta comenzado el siglo XXI. Es decir, hace nada de tiempo.
            Quisiera detenerme en especial, en el capítulo dedicado a Miguel Ángel Blanco. Durante cerca de una hora, un hijo de un asesinado por ETA les habla en la Universidad a un grupo de alumnos de 21 años. La primera pregunta que les hace es si saben quién fue Miguel Ángel Blanco. Adivinen la respuesta. Una mayoritaria y desoladora negativa. No podemos seguir así.
            Esa es la razón para que reivindiquemos la ética de la Memoria. Es obligatorio el propósito que tenemos que asumir sobre la importancia del recuerdo.
            La gente mezcla, con absoluta incoherencia, el perdón con el olvido. El primero es una condición subjetiva humana. Está en el deseo de cada uno  continuar o no con la agonía que les supuso el dolor, sin motivo, totalmente condenatorio sin paliativos, de las pérdidas de sus seres queridos. Y encima fruto de un asesinato.
            El segundo caso, el olvido, es algo inconcebible en las sociedades modernas y democráticas. Tenemos que saber. Tenemos que fomentar el espíritu crítico con las realidades que nos rodean. Tenemos que aprender de los errores, así como crecer con los aciertos.
            Por eso, ahora que se habla de currículum educativo, no es baladí que insistamos en desmitificar tópicos sobre presuntos adoctrinamientos. La Historia como disciplina científica, hecha e impartida por profesionales, tiene que evitar los complejos sobre su desarrollo, su contenido, sus limitaciones temáticas o temporales.
            No establezcamos cortinas de humo sobre contenidos   que no se deban abordar. No bajemos la voz. Fomentemos el diálogo, el intercambio de opiniones, el conocimiento  de los hechos y el reconocimiento de todo aquello que pudo suponer un progreso para nuestros semejantes.
            De eso va la Democracia.