martes, 24 de octubre de 2017

INCENDIARIO


Arden Galicia y Asturias. Arden Cataluña y España. ¿Qué tienen todas en común? Un detonante: la intencionalidad, por un lado, y la solidaridad ante las causas comunes, por otro. No es pura casualidad.
La lluvia mansa de los últimos días podría mitigar. Pero el daño causado es mucho. La convivencia, el dotarnos de normas, el trasvasar la frontera de los sentimientos, el egoísmo y su contrapartida, la generosidad,… son calificativos característicos de los  momentos en los que nos ha tocado vivir.
El resultado no es el fruto de un calentón. De un improvisado escenario. Más bien estamos ante una catarata organizada de elementos relacionados. No dejes para el verano lo que puedes atajar durante el invierno, siempre nos han dicho.
Ahora pasa igual: durante años se ha estado planificando una estructura de odio al diferente, aderezada por un ensalzamiento de lo singular. Y un sálvese quien pueda frente a la estructura mental que nos venía a convenir “dejemos un mundo mejor a las generaciones venideras”.
Ha bastado la actuación premeditada y,  a la vez, espontánea de los que encienden la mecha para que comiencen los incendios.
Empezaron en Cataluña y siguieron en Galicia. ¿Quién no nos dice que no podamos encontrarnos territorios y masas de personas que quieran seguir esta senda?
El instrumento para combatirla es la educación. Es cierto que hay métodos más incisivos, contundentes y efectivos a corto plazo. Pero, no lo es menos, que contribuirán, sin duda, a reproducir situaciones similares dentro de poco.
Por eso mismo, parafraseando a Unamuno, no se trata de vencer, solamente, se trata de convencer. La división no es buena compañera. El diálogo y la persuasión nunca pueden ser dañinos. Los puntos de encuentro contribuirán a cesiones y a la vez a amortiguar el ruido. Sin duda, nos sobran las razones para seguir juntos. Para apagar estos incendios. Para empujar a la lluvia a limpiar la atmósfera y con ella suavizar corazones y templar cerebros impulsivos.

La imagen de una porra o de una llama ardiendo, tiene que ser sustituida por la rosa y el verde de los fructíferos campos.

martes, 17 de octubre de 2017

RENOVACIÓN


El pasado fin de semana se han celebrado los Congresos  Provinciales del PSOE de Extremadura. Y digo celebrado, a propósito, pues se trata de la consumación de la fiesta de la renovación orgánica en el Partido. Se ha debatido y aprobado la gestión de las Ejecutivas salientes, prueba inequívoca de que las cosas se han hecho bien. Entre otras razones, han sido los responsables de llevar a la organización a la recuperación de la confianza que la ciudadanía extremeña depositó en los socialistas.
Ahora, se trata de impulsar lo conseguido. Para ello, no bastan sólo los nombres, la fuerza de la gente. Miguel Ángel Morales y Rafael Lemus tienen ante sí el reto de poner en marcha un dispositivo ideológico y programático que responda a las necesidades concretas de los extremeños.
Tras un proceso de primarias, del que ha salido lo mejor que tiene el PSOE, nos encontramos en la necesidad de dar respuestas a cuestiones tan básicas como las infraestructuras. En breve, por ejemplo,  tenemos que volver a clamar por el AVE en Madrid.
La Economía Verde, sobre la que se está trabajando en los últimos meses, con la ayuda inestimable de la Universidad de Extremadura y la implicación en interés de numerosas empresas y colectivos, convencidos de que es un camino de no retorno.
La lucha contra la despoblación. Pese  a que en nuestra región, a diferencia de otras zonas de España, no se ha cerrado ningún pueblo y mantengamos una digna presencia de servicios públicos esenciales en ellos, como son la sanidad y la educación, no es menos cierto que es una preocupación enorme. Además, encadena el resto de políticas. De mantener una pirámide poblacional sostenible depende que sean efectivos el resto de objetivos del Estado de Bienestar.
En una Comunidad como la nuestra, la agroindustria debe despegar definitivamente en el próximo lustro. Es una parte esencial de nuestro desarrollo. Una seña de identidad característica de nuestro buen hacer.
Y finalmente, lo más importante: el empleo. Si el futuro está en los jóvenes y en este sector se ha cebado con crudeza el paro y la emigración, es el momento de obsesionarnos por levantar el vuelo. Por recuperar el retorno del talento. Por incentivar contrataciones públicas y privadas. Por animar la creación de estructuras que posibiliten las contrataciones.

Despedimos los Congresos con la Memoria de los compañeros, algunos que nos dejaron estos últimos 5 años. Sin ellos no hubiéramos llegado hasta aquí.éa﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽var contrataciones p cMemoria de los compañeros, algunos que nos dejaron estos ento. Por incentivar contrataciones p c

martes, 3 de octubre de 2017

FRUSTRACIÓN


Se suele decir que no somos capaces de vivir el momento. Que siempre estamos buscando algo y que no disfrutamos del camino. Es cierto, que es muy importante ponerse retos. Planificarse. Tener una meta por la que luchar. Pero, no lo es menos, que el trayecto hasta conseguirlo, con sus sinsabores y sus placeres, tiene que ser considerado como una parte en sí. No sólo como un medio.
La experiencia en el atletismo me ha venido a demostrar que los duros entrenamientos, las noches de invierno en soledad y con condiciones climatológicas extremas. Las altas temperaturas del verano. El viento del otoño o los cambios de la primavera, hacen que las sesiones te fortalezcan hasta el disfrute, eso sí, difícil de explicar para el profano. Se llega al extremo que la competición final, el reto perseguido, es muchas veces un desahogo. Incluso si no sale bien, te conformas con todo lo que has realizado anteriormente.
Viene todo esto a cuento, porque debemos aprender a tolerar la frustración en todos los ámbitos de la vida. En la política, se suceden los acontecimientos tan rápidamente, que no somos conscientes de que el ahora, es determinante.
Señalaba, recientemente, Almudena Grandes que la memoria no es sólo el pasado, es sobre todo el presente y el futuro. Es decir, seremos lo que seremos si aprendemos de lo que hemos sido.
En ocasiones, las cosas no sucederán como lo hemos planificado, pero nada se para. Hay que actualizarse. Colaborar a reinventarnos. Procurar comprender que las líneas rectas, necesitan, cuando se precisa, sustituirlas por curvas. Por subidas y bajadas.
Como en el deporte, unas carreras se harán solos, otras acompañados, en unas serás tú el que tires delante, en otras te beneficiarás del rebufo de los demás. Pero al final, lo satisfactorio es poder disfrutar del trabajo realizado y de las metas conseguidas.
La Historia, muchas veces cíclica, está llena de altibajos. Sin embargo, a nadie se le ocurre preparar todo para buscar el desastre. Sigamos.


martes, 26 de septiembre de 2017

EVANESCENTE


Hace unos días leía la historia de una cooperante española asesinada. Se hablaba que había encontrado la razón de su existencia en los demás. Que vivía en ellos.
Se llegaba al instante tremendo, que tantas veces hemos escuchado, de percibir cómo la existencia se vaciaba, precisamente en aquellos contextos donde había plenitud de posibilidades materiales para desarrollarse.
La sensación evanescente en la que todo se esfuma. Todo desaparece. Nada permanece, la tenemos, día a día, cuando no reflexionamos. Cuando no pausamos. Cuando no interiorizamos las decisiones.
En la vida pública se producen frecuentemente comportamientos bipolares. Excrecencias dialécticas de las que luego nos arrepentimos. Como solemos decir de manera coloquial: “prontos”.
Por eso, imbuidos de una civilización donde se prima la inmediatez, es el momento de reivindicar la profundización. La lectura serena y tranquila de los acontecimientos. El combate del esfuerzo por convencer al adversario que, únicamente, se gana cuando eres capaz de demostrar que no es la sonoridad de unos aplausos, o el estilo soez de tu forma de expresar, la que levanta los ánimos, sino, la certeza de la bondad de tus argumentos. Con más o menos silencio.
Ahora, con el comienzo del otoño, nos entran las prisas por llevar a cabo, sin dilación, los objetivos anuales. Despreciemos la luz de lo instantáneo y recorramos los vericuetos de las subidas y las bajadas, de los aciertos y los errores, del caminar  cuatro pasos aunque retrocedas dos.
Aprendamos a escuchar más allá de nuestras propias voces. En los otros está la sabiduría. Corramos con pasión, una y otra vez. No dejemos nada al albur del triunfo de lo esporádico. Busquemos consolidar el progreso.






martes, 19 de septiembre de 2017

VALORES DEMOCRÁTICOS


Cuando hablamos de valores, parece que nos referimos a cuestiones intangibles. Están ahí, pero no podemos tocarlos ni materializarlos. Si encima le añadimos el concepto democrático, introducimos un elemento más de complejidad.
Sin embargo, no es menos cierto, que los valores democráticos no surgen de la nada. Hay que educarlos. En estos últimos días hemos asistido en España a la recurrente apelación sobre la supuesta perversión de la Democracia.
Se ha llegado al extremo de acusar, de manera totalmente infantil, como si de un enfado púber se tratara, de incumplimiento de sus normas por parte del Gobierno de la Nación.
Esto, que alguien podría pensar que se trata de mentes poco cultivadas, lamentablemente no es así. Disfrazados de la pátina de la superioridad intelectual, de la llamada a la desobediencia ante lo que no nos gusta, se impulsa la rebelión.
Estamos hablando, una vez más del nacionalismo. Desde el respeto a los sentimientos individuales ( no olvidemos algo de lo que nadie duda: España es una Nación), es evidente que no podemos cerrar los ojos ante miles de gritos que claman por su independencia. Tampoco podemos dejar “tirados” a otros tantos que se muestran inclinados por mantener su sentido de  la identidad histórica y compartida entre todos los españoles.
A  eso se le añade el mensaje de que cualquier mentalidad progresista estaría de acuerdo en que la frontera divide. Traza líneas de separación. Induce a la desigualdad, a la intolerancia y a la insolidaridad. Se olvida de aquellos que contribuyeron a hacer de su tierra un espacio de convivencia y de progreso y elimina, a través de un Boletín Oficial, todo ese legado.
Pero, sobre todo es injusto. Ahora, que se ha crecido más que en otras partes del Estado se apela a no contribuir al desarrollo de los demás. A la insurgencia contra la pobreza. A incrementar los elementos que subrayan las tragedias humanas del paro y de los desequilibrios en todos los sentidos: infraestructuras, financiación y modelo de desarrollo común.

Por muchas razones y en un mundo cada vez más globalizado, me siento, desde la asunción de las diferencias, si cabe más internacionalista. Me alegro del bienestar de unos, como me apeno de la decadencia de otros. Me gustaría sentirme partícipe de ambos.