domingo, 29 de marzo de 2026

ACENTOS

 

ACENTOS

Acabo de terminar de leer el libro del Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, Antonio María Castaño Fernández: “Contra el acentismo”. Me ha resultado muy interesante. Por eso voy a tratar de reseñar algunas de las principales conclusiones que se pueden extraer de su análisis.

En primer lugar, hay que afirmar que todos tenemos acentos. De hecho, en el libro hay una parte muy importante de encuestas a estudiantes de Institutos de Salamanca, Córdoba y Badajoz, así como a universitarios y profesores de Filología.

De sus resultados se desprende que determinados acentos sureños se identifican y asocian en muchos casos con discriminación o baja clase social y se perciben como una dificultad a la hora de realizar una entrevista para obtener un trabajo o un puesto de responsabilidad.

Sin embargo, el denominado habla “estándar” se considera mayoritariamente como “hablar bien” y se suele utilizar en sitios y actos más formales que cotidianos, con personas consideradas importantes o con alumnos no nativos (en el caso de los profesores).

En el lado opuesto, las dificultades para pronunciar determinados sonidos se han llegado a emplear incluso en las guerras para identificar al enemigo.

Además, parece claro el sentimiento por parte de los extremeños de que no hablan un mal castellano, eso sí, son conscientes de las diferencias entre hablar fino, bruto, mejor o peor y a veces esconden el acento (cuando hablamos en público o con personas de determinados sitios, como Madrid…). Es lo que se denomina el acento impostado, al igual que se trata de adaptar o imitar el acento de otros lugares que visitamos.

Esa inseguridad o complejo se produce aún más en periodistas y en los medios de comunicación regionales por medio de una pronunciación forzada de las “eses” que contrasta con los entrevistados.

Otro capítulo está dedicado al acento de los políticos extremeños: tanto expresidentes de la Junta como un grupo de diputados de la Asamblea de Extremadura. En sus intervenciones se denota mayoritariamente una aspiración de las “eses” en discursos y mítines, si bien con algunas diferencias según la procedencia del diputado y el tipo de actuación.

En definitiva, vemos como se modula la intervención a la hora de pronunciar, del mismo modo que es muy frecuente asimilar corrección con formalidad.

Al menos, podemos tener una obra que nos hace reflexionar sobre posibles inseguridades, complejos o diferencias entre acentos norteños y sureños.

 Como decíamos al comenzar la columna: todos tenemos acentos. El debate está en discernir si unos son mejores o peores, si unos están bien y otros están mal o si no tiene nada que ver establecer una cadena de valores.

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